¿QUÉ NOS QUIERE MOSTRAR LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS?

Quique Fernández

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Para encontrar la clave de interpretación de este pasaje debemos observar su conjunto, no abordarlo como un islote sin conexiones fuera de él mismo. Concretamente, si echamos una mirada al capítulo anterior, nos encontramos con el famoso pasaje en el que Jesús pregunta a sus discípulos sobre lo que se dice de Él. Lo hace a dos niveles: primero, “¿quién dice la gente…?” y, después, “¿y vosotros quién decís que soy Yo?”.

Pues bien, ahora en este pasaje de la Transfiguración, estamos ante el tercer nivel, ese que en cursos de idiomas o en pantallas de videojuegos llamamos el nivel avanzado. Porque ahora yo no es la gente ni son los discípulos los que responden. En la Transfiguración es Dios Padre el que responde quién es Jesús, el Hijo de Dios.

Y es que estamos ante lo que llamamos una “teofanía”, es decir una manifestación de la gloria de Dios en su Hijo Jesús para mostrarnos que es Dios y hombre. Pero, ¡ojo!, no es Dios Padre ni su Hijo Jesús quienes necesitan de esta visión gloriosa. La necesitamos nosotros. Es más, en este acontecimiento encontramos una importante clave para nuestra vida de fe.

Dios se manifiesta en la humanidad de Jesús y desea manifestarse en nuestra condición humana. Por tanto, no debemos restar nada de nuestra condición humana para que Dios nos haga partícipes de su gracia. No se puede hacer al santo/a prescindiendo del hombre/mujer. Lo sobrenatural requiere en nosotros de lo natural, que Dios ha hecho bueno (Gn 1)

Junto a esta relevante clave encontramos otros aspectos reseñables:

- Jesús no es un “all star” que vive de una apariencia “fashion”. Al contrario, no quiere quedarse en lo superficial, y por tanto el Padre nos dirá “escuchadle”, es decir, permitamos que entre en nuestras vidas y otorguémosle un lugar y un tiempo privilegiados.

- Resulta curioso que, de repente, desaparezcan Moisés y Elías. Jesús se convierte en el centro de nuestra mirada para convertirse en el único centro de nuestra vida. Es, además, una muy buena “pista” para que nuestra vida de fe y de comunidad no se quede “anclada” en el pasado.

- La propuesta de Pedro tiene una doble lectura. Por un lado, el “hacer tres tiendas” es una clara referencia a la fiesta judía de los Tabernáculos (o de las Tiendas). Conlleva, pues, el simbolismo de anclarse en el judaísmo.

- Por otro lado, también denota una cierta búsqueda de

una expresión “gloriosa” de la religión, que se aleja de la

verdadera Gloria de Dios porque pretende esa gloria desde

un atajo cómodo sin pasar por la Cruz.

- Y resulta muy interesante el que les ordene que no

cuenten a nadie lo que han visto hasta después de la

Resurrección. Solo desde el acontecimiento Pascual

podremos entender, todo cobrará sentido, y la aparente

derrota será victoria definitiva

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana núms. 2241 y 2242 de fechas 4 y 11 de septiembre de 2022

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BIBLIA Y MISIÓN

P. Toni Plaza, MSC

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DE LA DEVOCIÓN A LA ESPIRITUALIDAD: EL CAMINI-MISIÓN DEL CORAZÓN (2ª parte)

La imagen del camino es muy significativa en la espiritualidad cristiana. No sólo porque Él sea el Camino que hemos de recorrer para vivir la Vida en plenitud, en Verdad (cf. Jn 14, 6); también es lo que los primeros cristianos hicieron de su servicio al Reino de Dios siguiendo las huellas del Maestro: no quedarse quietos en sus casas, en sus vidas, sino hacer de ella (su vida y su casa) el mundo, al que podían llegar, siguiendo caminos, para llevar la buena noticia del evangelio. Con esta última imagen me quedo y veo, y me veo, a tanta gente, con tanta gente, misionera por esos mundos de Dios recorriendo “caminos” y llevando la Palabra de Dios a lugares insospechados; yendo de casa en casa, dando golpes con las palmas, como llamando, a la entrada del terreno donde está la casa en el campo (no hay timbres eléctricos), como queriendo avisar que alguien llega y trae algo importante, una buena noticia.

Hay otras formas de hacer camino: la peregrinación. En Europa ya es tradicional y secular el Camino de Santiago, que nunca he llegado a realizar. Sí que hice unas etapas del que abrieron hace poco: el de San Ignacio de Loyola. En Argentina y en Paraguay, donde he estado de misionero, tiene mucha historia las peregrinaciones a los santuarios marianos de Luján y Caacupé respectivamente. En el de Santiago hay muchísimos peregrinos; el de San Ignacio no tantos, porque es reciente, e impresiona, cuando se cruzan los dos caminos, la cantidad de peregrinos que hay en el de Santiago y los pocos que íbamos en dirección contraria (cuando yo lo hice con dos amigas nos acompañamos con un solo peregrino). En cambio, las peregrinaciones en Latinoamérica son únicas y multitudinarias. Así como en Europa puedes encontrar peregrinos, sobre todo en verano, durante todo el año; por Paraguay es sobre todo el 08 de diciembre.

Caacupé se pone “a tope de gente”. Cuando llega el momento de la misa central, la ciudad y la carretera de acceso se hacen intransitables. Sin estar en ciudades como Calcuta y Bombay en la India, me puedo imaginar lo que es gente viviendo en las aceras (veredas) de las calles. Yo iba ya la noche anterior y con otros hermanos en el sacerdocio ofrecíamos la posibilidad de confesión, durante toda la noche, a los peregrinos que iban llegando. Un año estuve hasta las cuatro de la madrugada con mi termo de mate para que el sueño no me venciera. Sin entrar en muchos detalles, para poder atender al mayor número posible de peregrinos, teníamos una pequeña conversación sobre la vida de fe. No quiero decir que no valiera ese día o el gesto religioso que hicieron muchos de los que participaban en la peregrinación, pero era curioso que su vida de fe durante el año sólo se trataba de esa peregrinación para “darle gracias a la Virgen por la salud, porque encontré trabajo, porque conseguí construir mi casa…”;ylo curioso es que la participación en la Iglesia durante el resto del año era nula o escasa en comparación con la emoción con la que se vivía esa peregrinación.

Esa noche quise ir a ver a los de la pastoral juvenil de la parroquia que estaban en un puesto poco antes de llegar al santuario de Caacupé animando a los peregrinos con canciones, puesto de agua… No llegué a verlos con tanta gente como había. No había coches sólo gente caminando y yo en dirección contraria. Se “burlaban” de mí (“¡eh, que es para el oro lado!”, me decían). Fue una experiencia socio-religiosa-cultural muy interesante. No todos, quizá un tanto por ciento muy pequeño (… cuentan un año que casi la mitad de Paraguay estaba esa noche en Caacupé), pero había gente que no sé a qué iba: estaban borrachos, con música (cualquiera) a todo volumen sentados en el pasto sin ningún sentido de peregrinación ni de recogimiento.

Éstos estaban haciendo una práctica religiosa sin ningún tipo de compromiso para sus vidas. Y los que estaban ahí para agradecer por la salud, el trabajo y su casa… olvidándose de la fe durante el resto del año, con todos mis respetos, parece que confundían la fe como un amuleto de la suerte. Para nada se sintieron movidos como Abrahán cuando Yahvéle propuso salir de su tierra y caminar para ir a donde Él le

iba a mostrar (cf. Gn 12, 1-8). Es un gesto de confianza en el que deja sus

seguridades para estar disponible a los planes de Dios. Deja su vida para vivir la

propuesta de Dios. Nada que ver tampoco con la experiencia del pueblo de Israel

en tiempos de Moisés y Egipto cuando sintieron la necesidad de acudir a su Dios

para sentirse liberados

(cf. Ex 2, 23b-25; 3, 4-17).

Hay que tener valor para hacer las opciones en la vida que sean necesarias

y ponerse en camino hacia ese mundo mejor que es el Reino de Dios. No basta

simplemente con hacer gestos externos (“ir a misa”, “primeros viernes”,

“ayunar los viernes de cuaresma”…) si no hay una transformación en nuestra vida,

si no hay un compromiso para vivir según los sentimientos del Corazón de Jesús que tuvo para con su Padre y para con la humanidad. De la devoción a la espiritualidad, ésta es la propuesta, que nuestro corazón se mueva al ritmo del de Jesús…

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CONSULTORIO BÍBLICO

¿CUÁNDO Y COMO SE DECIDIO CUÁLES ERAN EVANGÉLICOS CANÓNICOS?

Quique Fernández

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Cuando hablamos de Evangelios canónicos nos referimos a los tres evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) y al conocido como Cuarto Evangelio (Juan). La denominación “canónico” sirve, además, para distinguirlo de otros 70 evangelios considerados apócrifos y a los que no se les ha otorgado la canonicidad.

Pero, ¿qué quiere decir que sean “canónicos”? Se otorga la canonicidad a los evangelios sobre los que no se tiene ninguna duda o reserva de que han sido inspirados por Dios y, por tanto, forman parte del corpus bíblico para ser ofrecidos a la comunidad de fieles.

Ello no quiere decir que los evangelios apócrifos no puedan presentar elementos ciertos, pero junto a ellos encontramos otros dudosos, incluso falsos e incompatibles con la verdad revelada en los evangelios canónicos. También encontramos evangelios apócrifos que nos han llegado fragmentados y muy incompletos.

El fragmento Muratoriano (hacia 170) y la Adversus haereses de Ireneo de Lyon (hacia el 185) nos muestran ya la elección de los cuatro evangelios canónicos. El Concilio de Florencia (1451) redactó una lista de los libros canónicos de la Biblia, incluyendo estos cuatro evangelios, pero ante las objeciones que Lutero presentó respecto de algunos libros, el Concilio de Trento (1546) como respuesta confirmó la lista del Concilio de Florencia.

Una adición interesante es la que el Concilio Vaticano I (1870) aprobó incorporando unos textos que pese a no encontrarse en los primeros manuscritos sí que ya aparecían en la edición Vulgata (Mc 16, 9-20; Lc 2, 19b-20.43-44; Jn 7, 53-8, 11)

Pero sin duda, los dos aspectos más importantes que han mostrado la

cierta elección y consolidación del canon respecto de los evangelios es

, por una parte, la canonicidad que se otorgan los evangelios entre ellos

y, por otra, la práctica orante y celebrativa de la Iglesia desde los

tiempos de las primeras comunidades.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana núm. 2231

de fecha 26 de junio de 2022)

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BIBLIA Y MISIÓN

P. Toni Plaza MSC

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MARÍA, DISCÍPULA Y MISIONERA

Recién acabamos el mes de mayo, mes de María. En otras partes del mundo, aunque no sea primavera, lo digo por lo de las flores, también se dedica este mes a María. El canto de “Con flores a María” viene muy a tono para la ocasión. Los católicos queremos mucho a María (Lutero también; tiene unas hermosascitas y pensamientos dedicados a ella) por ser una creyente fiel y coherente en su entrega a Dios. En la espiritualidad cristiana hay muchas devociones y formas de llamar a María que hablan del reconocimiento que el pueblo sencillo le da por “todas las generaciones” (cf. Lc 1, 48b) a la Madre de Dios. En cada parte del mundo, sea en las grandes ciudades o en la comunidades cristianas más apartadas de la “civilización”, existe una capillita con un nombre mariano. Ciertamente, esta amplia variedad son como un enorme ramo de flores con el que alegramos nuestras vidas, nuestras casas y comunidades, en recuerdo de la llamada “llena de gracia”.

“El criterio de realidad, de una Palabra ya encarnada y siempre buscando encarnarse, es esencial a la evangelización. Por otro lado, este criterio nos impulsa a poner en práctica la Palabra, a realizar obras de justicia y caridad en las que esa Palabra sea fecunda. No poner en práctica, no llevar a la realidad la Palabra, es edificar sobre arena, permanecer en la pura idea y degenerar en intimismos … que no dan fruto, que esterilizan …” el dinamismo del evangelio (Evangelii Gaudium, 233). Negar la presencia de María en la evangelización es negar la realidad precisamente por ese amor que le tiene el pueblo creyente sin necesidad de ser propuesto. Surge espontáneamente. Y creo que es muy útil evangelizar con ella y a partir de ella. El “hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38) es lo que hace realidad encarnada la Palabra de Dios, Cristo.

Cuando empezamos nuestra misión en Paraguay. La primera presencia la hicimos en el sur del país a 10 km del río y 110 de Encarnación, capital departamental, hacia la frontera con Brasil. Al principio eran 35 comunidades las que atendíamos (mientras estuvimos allí, se crearon 5 más y una de ellas dedicada a Ntra. Sra. del Sgdo. Corazón) y estaban muy bien organizadas. El cura anterior a nosotros, un zamorano que bien se notaba de hacia donde era por el color oscuro de su piel, había puesto puntos estratégicos en todo el área de la parroquia bajo el amparo de devociones marianas que él mismo había propuesto: Virgen del Encuentro y la Virgen del Paso.Y las propuso con una intención catequética y eclesiológica, de ser Iglesia.

Las dos estaban en diferentes límites parroquiales entre una comunidad de nuestra parroquia y otra de la parroquia vecina. La del Encuentro, al referirse a María, me recordaba al “encuentro” tan revolucionario entre esas dos grandes mujeres, primas entre ellas, que provocó el primer anuncio del Mesías hecho por el profeta Juan y lo hizo incluso antes de nacer (Lc 1, 41-45). Isabel ya manifiesta el espíritu de las bienaventuranzas proclamando a Maríadichosa (“macarismo”: género literario muy utilizado, tanto en la Biblia hebrea como en el Nuevo Testamento, más conocido con el nombre de bienaventuranza) por haber creído y también le profetiza que todo lo que escuchó de parte de Dios se cumplirá, ya que en ella, en Isabel, el Señor también hizo maravillas.María también siente que por su opción será reconocida como dichosa por la generaciones futuras (cf. Lc 1, 48b). Es, sin duda, una invitación a vivir nuestra fe con la misma disponibilidad de María. El fruto de sus entrañas va a ser algo grande para la historia de la humanidad: es una experiencia de fe muy vivida en el Antiguo Testamento (Gn 1, 28; 9, 1; 17, 16; Dt 28, 4).

Y fruto de este encuentro viene el canto del Magníficat (Lc 1, 46-55): verdadera joya literaria y experiencia movilizadora de Dios en el corazón de una mujer creyente. “La dirección del viaje de la Virgen … es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cfr. Lc 9, 51). En efecto con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo …” (Juan Pablo II, Discurso en la audiencia general, 2-X-1996). El biblista Luis Alonso Schökel, analizando el magníficat en la Biblia del Peregrino,habla que María “en el cambio prodigioso de virginidad a maternidad descubre el estilo y esquema de la acción renovadora de Dios” (cf. Lc 1, 51-55; haciéndose eco de lo ya anunciado con anterioridad en 1Sm 2, 4-8, cántico de Ana, y Sal 113, 6-9). Sí, ese encuentro produjo esperanza en el pueblo. Y la unión, “encuentro”, de dos comunidades cristianas también.

La Virgen del Paso, precisamente, estaba antes de cruzar un río, en balsa, a otra comunidad. Al hablar del Paso, rápido conecté con el paso de Israel por el Mar Rojo saliendo de Egipto, lugar de esclavitud, de camino a la Tierra Prometida, “a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel” (Ex 3, , atravesandoel desierto, lugar teológico. Al cruzarlo, Miriam (María, coincidencia interesante), hermana mayor de Moisés, y las mujeres de Israel cantaban la grandeza de Dios que ayudó a su pueblo, como en el

Magníficat. Con María de Nazaret, caminando a nuestro lado tras las

huellas de su hijo Jesús, nuestros pueblos, llenos de fe, pueden

conseguir la tan esperada liberación de todo aquello que no nos

ayuda a vivir con dignidad. Es la tierra prometida del Reino de Dios

que vamos construyendo con nuestra perseverancia en encarnar la

Palabra de Dios, que quiere fecundar nuestras realidades

(cf. EG, 233).

 

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CONSULTORIO BÍBLICO

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¿PODEMOS SABER POR EL NUEVO TESTAMENTO COMO ERA LA FAMILIA EN ISRAEL EN TIEMPOS DE JESÚS?

Quique Fernández

En el capítulo 1 del Evangelio de Lucas ya se nos muestra lo fuertes que son los vínculos familiares en el Pueblo de Israel. María, ya embarazada de Jesús, se va a visitar, es decir, a servir a su prima Isabel. Sabiendo que el viaje era pesado, incluso peligroso, se podría aducir que María tenía más que sobrados motivos para excusar ese servicio. Y sin embargo, son tan fuertes esos vínculos que María no deja de hacer lo que sabe que se debe hacer por una prima.

Jesús nos va a transmitir las verdades teológicas desde imágenes familiares: por Jesús conocemos que Dios es el padre de todos (Mt 5,16.45.48; 6,1.4.6.8.9. 15), y, por tanto, que todos somos hermanos (Mt 23,8-9), o que Dios es un padre que ama y perdona con una rica y constante misericordia (Lc 15,20-32). También su misión se desarrollará en el ámbitos de una importante presencia familiar. Sirva como muestra que empieza su vida pública en las fiestas de una boda en Caná (Jn 2, 1-11), acontecimiento familiar que, además, aparecerá en varias parábolas como la de los invitados a la boda (Mt 22,1-14) o la de las vírgenes prudentes y las necias (Mt 25,1-13).

Pero no solo aparecen los aspectos familiares positivos y festivos. El Evangelio también presenta la denuncia de las situaciones de injusticia vinculadas a la familia. Un buen ejemplo de ello será la respuesta que Jesús dará a la pregunta supersticiosa: “Le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres" (Jn 9, 2-3). Otros ejemplos

de la denuncia de la concepción distorsionada de la familia será cuando

Jesús sentencia “deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt 8, 22)

o cuando responde de forma categórica que “mi madre y mis hermanos

son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lc 8, 21)

Jesús presenta un modelo de familia que no sea un simple “compartir”

egoísmos sino un espacio abierto a la misericordia y de encuentro con la

solidaridad. Será en el Libro de los Hechos de los Apóstoles y en las

Cartas del Nuevo Testamento donde podemos encontrar ejemplos

concretos de familias y hogares a imagen del Reino de Dios.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana núm. 2226 de fecha 22 de mayo de 2022)

 

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CONSULTORIO BÍBLICO

¿POR QUÉ LOS EVANGELIOS NO EXPLICAN LA MANERA COMO TIENE LUGAR LA RESURRECCIÓN?

Quique Fernández

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Coordinador de Escuela de Animación Bíblica

Si explicar la manera en que algo ocurre es entender todos los entresijos sustanciales y técnicos… la Resurrección de Jesús supera toda comprensión. Decimos que es un misterio, no porque se nos esconda, que no lo hace, al contrario, Jesús se aparece y se muestra como Resucitado, sino que es un misterio porque supera nuestras capacidades y, por tanto, nos asombra.

Cuando se produce un enamoramiento entre dos personas, ¿alguien se pregunta qué es lo que ha ocurrido científicamente o lo importante es lo que se siente, se vive, se experimenta?

María Magdalena encontró la piedra removida, Juan entrevió la sábana vacía, Pedro vio el sepulcro vacío. María Magdalena y Juan comprendieron que algo había pasado. Pero fue con Pedro, con la Iglesia, que se confirma e interpreta qué es lo que ha sucedido: resucitó tal como nos dijo. La Resurrección debe, pues, ser leída en clave de comunión eclesial. Así se puede explicar el significado que Juan esperará la llegada de Pedro al sepulcro.

Por tanto, nunca un vacío llenó tanto, o nunca un silencio dijo tanto. El sepulcro vacío habla. O, mejor dicho, se hace eco de la promesa de Jesús que es la culminación, el cumplimiento, de la promesa de Alianza de Dios para con sus hijos, con su Pueblo.

No estamos, pues, ante un fenómeno mágico sino un hecho real, histórico pero que a la vez trasciende nuestra dimensión histórica, y que los testigos que lo experimentan lo comparten. Es lo que, por ejemplo, hace San Pablo cuando dice a en la Primera Carta a los Corintios: “¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro?” (9, 1).

La mejor explicación, la más necesaria para nuestro caminar en la fe, será la consecuencia, la

experiencia transformadora, que vivirá la primera comunidad, que encontramos en el Libro de

los Hechos de los Apóstoles, lectura que proclamamos durante la Pascua. La vida de la

comunidad, el “mirad como se aman”, la esperanza que disipa las tinieblas, es la más grande

prueba de que Jesús vive.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana, en el número 2223 de fecha 1 de

mayo de 2022)

 

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CLAVES DE LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS

Javier Velasco-Arias

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UNA HISTORIA EJEMPLAR

A modo de novela

La «novela» ejemplar (si preferimos: novela histórica o historia novelada) de José o de «José y sus hermanos», ocupará una gran parte del libro del Génesis: del capítulo 37 al 50 (el final del libro), con dos paréntesis en los capítulos 38 y 49, en las que el narrador introduce dos historias menores, aunque sumamente curiosas (que no comentaremos en esta ocasión).

Un hijo predilecto

José es el hijo menor de Jacob (aún no ha nacido Benjamín) y el preferido de su padre, en una familia de once hermanos, de cuatro madres diferentes. La predilección paterna por José será motivo de envidias e intrigas entre los hermanos; además de él tener muy asumido su situación privilegiada que no duda en ostentar ante sus consanguíneos. Os invito a leer el texto íntegro, que nunca puede sustituir ningún comentario.

Envidia de los hermanos

Los hermanos deciden vengarse de José y alguno incluso no le importaría llegar hasta el asesinato fraticida. Al final, deciden vender a José como esclavo a unos mercaderes madianitas que lo llevarán a Egipto, donde se desarrollará la mayor parte de la historia que nos ocupa. Y los hermanos hacen creer a su padre que ha fallecido, devorado por una fiera.

Nueva vida

Los madianitas lo venden como esclavo a Putifar, un funcionario real egipcio (Génesis 37,36; 39,1). Las cosas le van bien, hasta que es acusado falsamente por la esposa de Putifar de haberla acosado sexualmente, cuando en realidad es en represalia por sentirse rechazada y despechada. José acaba en la cárcel.

En prisión conocerá a otros dos funcionarios reales, a los que José interpreta sus sueños, que, cómo él predice, significará el ajusticiamiento de uno y la libertad del otro (40,1-23). El compañero de prisión liberado, con el tiempo, sugerirá al monarca de Egipto, al Faraón, que José es la persona que podrá liberarle de la angustia de unos extraños sueños que nadie de su reino sabe interpretar.

Rectitud de José

José aparece en la narración cómo un hombre íntegro, sabio y fiel a Dios. La auténtica sabiduría es un don de Dios y no responde a artes mágicas o conocimientos ocultos: éste es el mensaje que se desprende del relato. El protagonista de la historia se mantiene honesto, insobornable, fiel a su fe, a pesar del exilio y de las circunstancias adversas.

El anuncio de José al Faraón de unos años de escasez, de hambre, después de un período de abundancia, cambiará la suerte de nuestro personaje. El monarca lo nombra visir y responsable de administrar las cosechas de Egipto, para que cuando llegue la carestía no halle al país desprevenido, sino que haya reservas más que suficientes (Génesis 41).

Reencuentro fraterno

La situación de carestía generalizada hará que los hermanos de José viajen a Egipto, para abastecerse de alimentos que en su tierra no encuentran. Los diferentes encuentros entre los hermanos, que no reconocen a José, son de una gran belleza narrativa (Génesis 42-45). El perdón sin resentimiento de José a sus hermanos, el amor fraternal, el reconocer la mano de Dios en las situaciones límite… nos muestran a un hombre bueno, misericordioso, sabio, fiel (45,4-15).

Jacob-Israel bajará a Egipto y se instalará en Gosén, junto a toda su familia (46,26-34). La «historia» preparará la narración del segundo libro de la Biblia Hebrea, del Éxodo, en la que los descendientes de Israel se convertirán en el Pueblo de Dios, después de su liberación de la opresión egipcia. Pero eso es otra historia, para una próxima ocasión. Nuestro relato acabará con la muerte de José (Génesis 50), después de una estancia idílica de él y toda su familia en el país de Egipto.

Para la oración

Las cuestiones posibles para meditar, para llevar a la oración, personal o comunitaria, son muchas. La «historia» de José está repleta de enseñanzas éticas y de valores y actitudes a practicar, a vivir.

La predilección de los padres por un hijo determinado es «caldo de cultivo» de envidias, rivalidades, incluso, odios entre hermanos. Los padres, madres, abuelos, educadores… hemos de revisar si caemos, o podemos caer, en favoritismos a la hora de relacionarnos con ellos. Los niños, los adolescentes, los jóvenes no son tontos: perciben estas situaciones como agravio, como desamor, como desprecio. Y las consecuencias pueden ser graves.

José es un hombre íntegro. No accede a las insinuaciones sexuales de la mujer de Putifar y acabará, a causa de ello, en la cárcel. ¿Yo soy capaz de resistir los «cantos de sirena» a los que con frecuencia me somete una cultura altamente sexualizada, donde la pornografía explícita es el «pan de cada día», en la que la genitalidad sustituye con frecuencia a la auténtica sexualidad? Y no es cuestión de volver a tiempos, felizmente superados, en los que el

sexto y el noveno mandamientos eran los únicos «mandamientos» contra los que se

pecaba. Ni a ser mojigatos en los temas referentes a la sexualidad o al erotismo. Pero

la auténtica sexualidad humana, el sano erotismo, o están integrados en el amor, en la

entrega mutua o difícilmente les podemos poner el adjetivo de «humano».

¿El perdón, el amor fraternal… superan las barreras del odio, de la venganza, del «ojo

por ojo y diente por diente»? A la pregunta que le hicieron a Jesús sobre el número de

veces que he de estar dispuesto a perdonar, respondió: «No te digo que hasta siete

veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18,22).

La auténtica sabiduría es un don de Dios. ¿Soy consciente de ello? o ¿prefiero jactarme, delante de los demás, de mis valores y logros?

Javier Velasco-Arias

(publicado previamente en el blog "Biblia y Pastoral" el día 11 de mayo de 2018)

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BIBLIA Y MISIÓN

P. Toni Plaza, MSC

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La vida es como el agua… cuando hay en abundancia, nunca se detiene…

“Una mirada de fe sobre la realidad no puede dejar de reconocer lo que siembra el Espíritu Santo” (Evangelii Gaudium, 68). Muchas veces corremos el riesgo de tener la respuesta a todo lo que pasa, porque somos gente preparada y con mucha experiencia, y si no encontramos la solución, siempre nos estaremos lamentando con el típico “¡hacia dónde vamos!” o “antes no era así”. Lo que está claro es que últimamente la velocidad de la vida es rápida y cosas que no esperábamos (la pandemia) han traído procesos que nos sorprenden y para los que no estábamos preparados. Queremos volver a lo de antes, pero, me temo, eso no va a ser posible.

No puede ser que el Espíritu Santo no esté presente y no está queriéndonos decir algo. Él siempre ha estado activo haciendo por la humanidad y moviendo a las personas. Lo vemos en la Palabra de Dios desde el principio, en la creación del mundo (Gn 1, 2) hasta el final, ayudando a la Iglesia (la Esposa) a que el Señor Jesús llegue definitivamente con su paz (Ap 22, 17-21). Y en medio de esta Historia de Salvación tan entrañable, que es la Biblia, hablando por los profetas (Ez 11, 5; Mi 3, 8; Zac 7, 12 por ejemplo) y en el inicio del ministerio de Jesús (Mc 10, 1 y paralelos) o con la primera comunidad cristiana (en el inicio, Hch 2, y en las dificultades, Hch 4, 31) y en la muerte del primer mártir (Esteban, Hch 7, 55). El Espíritu Santo siempre alentando, consciente o inconscientemente de parte de los que luchan por la vida.

No se ven las cosas del mismo modo desde esta parte del mundo que desde otras, más en concreto hacia el sur. Me parece que no es apropiado decir que aquí ya perdió la fe el partido de la vida y que en el sur son más creyentes. Sí que es verdad que los que vienen a la Iglesia son más activos, pero también existe indiferencia y, dado la poco presencia de instituciones para el bien común (escuela, iglesia, comisaría, hospitales…), existe “abandono” y despreocupación teniendo como única salida la solidaridad y el apoyo. Todo esto influye en la dinámica de la vida provocando que también haya violencia, alcoholismo, peleas con finales dramáticos y aparecen “mesías” o políticos que se creen salvadores de los “pobres alejados de la civilización y de las posibilidades de crecimiento para después quedar en el olvido”.

Pero siempre hay gente buena que sale adelante y ayuda a salir adelante, que entiende perfectamente que no se puede vivir de este modo. Y espontáneamente surge en ellas la necesidad de compartir. Recuerdo en la primera zona rural en el sur de Paraguay en la que estuve por cuatro años. Una soleada tarde de verano, aun en temporada escolar, me dirigía a una de las comunidades que atendíamos y en el viaje de ida me encontré a un grupo de niños que iban a la escuela (turno tarde). Claro, la camioneta del sacerdote, con carrocería abierta en la parte de atrás, siempre está disponible para llevar a gente. Me detuve y les hice subir. Ellos encantados. Al poco tiempo me encontré otro grupo de niños que regresaban de la escuela (turno mañana) y una de las niñas que llevaba, golpea el techo de la camioneta (señal para detenerme) y me fijo que uno de los que iban caminando le estaba dando los útiles escolares que ella había usado. Compartían sus materiales para la escuela. Se me quedó también gravada la imagen de niñas con 11 ó 12 años, o menos, con sus hermanitos pequeños sentados en sus caderas, porque no podían con ellos, cuidándolos porque sus padres estaban fuera trabajando. Con esa forma de vida, seguro aprenden lo que es la entrega, el sacrificio y la solidaridad. El Espíritu sopla con mucha fuerza en los pobres y en los que optan por acompañarlos: se contagian de esa vida que brota de ellos.

Cuando se habla de las periferias existenciales no referimos a todos aquellos que necesitan una palabra de aliento en sus vidas. “Una Iglesia cerrada es una Iglesia enferma. La Iglesia debe salir de sí misma. ¿Adónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean, pero salir”. Hay que salir, dice Francisco. Cuando dice estas palabras, no está muy claro a qué se refiere, pero siempre le hemos visto teniendo gestos con presos, inmigrantes, pobres… que nos recuerda mucho a Mt 25,35-36: “tuve hambre y me dieron de comer…”.

“Y les decía: La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al

Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como

corderos en medio de lobos”(Lucas 10, 2-3). Que los que envíes, Señor, sepan

trabajar unidos y no simplemente con mucha voluntad de servir, sino con

capacidad de trabajar en equipo y organizadamente, sin perder humanidad y con

el corazón al ritmo del tuyo. Guíanos según tu Espíritu, creador de vida, y que

sepamos vencer la cultura de muerte que quiere “cortar las alas” a los que

quieren vivir en plenitud: “Lucharon vida y muerte en singular batalla y muerto el

que es la vida, triunfante se levanta” (secuencia de Pascua).

 

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Quienes eran los Reyes Magos?

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Uno de los aspectos más recurrentes y más fijados en el inconsciente colectivo relacionado con la iconografía bíblica es la presencia de los tres personajes que adoraron a Jesús en ocasión de su llegada al mundo, y le ofrecieron oro incienso y mirra. En los pesebres, aparece siempre la imagen aparentemente coincidente en el tiempo del nacimiento de Jesús y de su adoración por los Reyes Magos como si fuesen hechos simultáneos en el tiempo, cuando en realidad el nacimiento aparece exclusivamente en el evangelio de Lucas y la adoración en el de Mateo.

Lucas se refiere a la adoración del Niño por pastores mientras que Mateo (3,1) refiere a la adoración de tres personajes (?) venidos de Oriente con la expresión "magoi apò anatoloon". La traducción de el termino griego Magoi por "Magos" ha cuajado en el pensamiento colectivo, aún siendo equívoca. Así en las cortes orientales los  consejeros sacerdotales de alto nivel eran relacionados con el arte de la magia y la astrología (que en ese momento era equivalente a la astronomía). Eso sucedía en las cortes de Babilonia y Persia, a su vez familiarizadas con la mitología específica del pueblo hebreo por el exilio babilónico

Los astrónomos del momento ya conocían fenómenos celestes como el cometa Halley,(Flavio Josefo documentó su llegada en el -12ac)  por lo que es sorprendente que tres personajes muy probablemente del mismo punto geográfico atravesasen miles de kilómetros para perseguir una figura astronómica completamente insólita que por su movimiento  diario  en el perihelio celeste parecía mostrar una dirección, aproximada en la zona de Jerusalén

Hace unos años se descubrió un manuscrito de la dinastía Han por el que astrónomos   percibieron lo que pudo ser la explosión de una supernova  de finales de marzo a prinicpios de abril de -5 ac lo que nos indicaría una posible explicacion a este viaje de los "magos" para contemplar el destino de este evento celeste, y lo que a su vez implicaría, que esa presencia de los magos no fue un recurso  simbólico del evangelista sino algo rigurosamente real

Mateo no nos muestra ninguna señal ni que cuantos "magos" eran  ni de su número. La suposición de que eran tres y cuales eran sus nombres tiene un origen iconográfico claro. El moaico de la Iglesia de San Apolinario el nuevo de Rávena en Italia (siglo VI)

 

 

 

 

 

Estos "reyes" son posiblemente los que mejor reflejan la realidad de lo que pudo haber ocurrido en la Adoración. Visten ropajes persas o babilónicos, alejados de las vestimentas exageradas de la iconografía habitual de los belenes. Su condición de supuestos reyes sería meramente simbólica y referente a que los poderes de la tierra se postrarían ante el recien nacido. (Salmo 72: "Postrénse ante ël los Reyes y sírvanle todos los pueblos"

 

En este mosaico aparecen los nombres de los "magos", Baltasar, Melchor y Gaspar, los tres de raza blanca caucásicos. Una de sus primeras descripciones documentales procede del monje Veda el Venerable (673-735) que los describe como Melchor (ofrece oro, símbolo de la realeza), Gaspar (ofrece 

incienso) descrito como de tez rosada y Baltasar, (ofrece Mirra, símbolo de su muerte), definido en latin como "fuscus", de tez oscura.

 

En el Liber Pontificalis de Ravena (845) aparecen estos nombres , que adquieren carta de naturaleza sin que haya constancia real historiográfica de su veracidad

 

A partir aproximadamente de 1450, con la explosión del renacimiento pictórico, el arte concede una importancia capital a dos motivos ; el nacimiento y la epifania, que permitían representar la piedad popular de una manera sencilla y directa . Pese al hecho de que en la literalidad evangélica el nacimiento y la epifanía no fueron hechos simultáneos sino separados por  días, como indica la tradición

 

A partir de este momento los Medicis se convierten en los grandes avaladores pictóricos de la tradición de los Reyes y bajo su mecenazgo  se encargan la mayoría de ellas. 

 

 

 

 

 

Así, en la Adoración de los Magos, pintada por Sandro Boticelli en 1475 en la galería de los Ufizzi en Florencia, los tres reyes son la imagen de tres Medicis: Baltasar es Pedro el Gotoso , Melchor es Cosme y Gaspar es Juan.  Los tres ya habían fallecido pero Boticelli les homenajeó en esta pintura:

 

Cosme es el personaje que está frente a la Virgen, su hijo Pedro de Medici está a su lado y su hermano Juan es el tercero por la derecha . En la escena aparecen otros miembros de la familia Medici, como por ejemplo Lorenzo o Juliano de Medici que aparecen a la izquierda de la imagen, aunque Juliano podría ser el que aprece con vestimenta roja a la derecha de la imagen

 

La obsesión retratista de Boticelli le  llevó a pintarse a si mismo (jubón amarillo a la derecha)

 

Vasari, el historiador clásico del arte escribió de esta escena:

 

“La belleza de las cabezas en esta escena es indescriptible, sus actitudes diferentes, algunos de frente, algunos en perfil, algún en tres cuartos, algunos se agachados, y de varias otras maneras, mientras que las expresiones de los asistentes, jóvenes y viejos, varían grandemente, exhibiendo la maestría perfecta del artista en su profesión. Sandro luego demuestra claramente la distinción entre los trajes de cada uno de los reyes. Es un trabajo maravilloso en color, diseño y composición."

La familia quedó entusiasmada con este cuadro y realizó multitud de encargos a su autor hasta que marchó en 1481 a Roma

 

Este cuadro además nos muestra otra particularidad de la iconografía de los "magos" y es que ya se pierde completamente cualquier intención de mostrar una rigurosidad y verosimilitud de lo que debía haber sido este episodio  en relación a la iconografía previa, en la que como en el mosaico de Ravena se mostraba un trío de personajes presumiblemente de origen persa, mientras que ahora, sus representaciones coinciden con la fisonomía de personajes reales de la época y sobre todo son blancos:

 

Esto se muestra por ejemplo en 

 

Adoración de los Magos (Tomasso Masaccio 1426) con una técnica muy similar a la de Giotto  (Pisa)

Altar de los Tres Reyes (Roger van der Weiden 1455), muy renacentista, actualmente en Munich

El cortejo de los Magos ((Gozzoli 1461) en un palacio de los Medici de Florencia

Adoración de los Magos (Hugo Van der Goes 1480), actualmente en Berlín

 

Todos ellos tienen unas características pictóricas similares, sobre todo temáticas y de distribución de las figuras, con escasos matices entre ellas.

 

Hasta que llegamos a la gran innovación iconográfica del tema de los Magos:

 

Con el cambio de siglo se produce una innovación especialmente singular en este tema, y es convertir al "rey " Baltasar en negro

 

Adoración de los Magos (Durero) actualmente en Florencia

 

 

 

 

Los tres magos son, como marca la tradición pictórica hasta ese

momento: Melchor, que parece llevar la voz cantante ya que es

el mas viejo de los tres, Gaspar, con melena pelirroja

(la iconografía ya actual de este "mago"), y que es la representación del propio Durero y la gran innovación, un tercer mago, que sería Baltaaar, genuinamente e insólitamente negro

 

No está del todo clara la justificación de esta innovación, pero probablemente se deba a las necesidades ecuménicas de la iglesia del momento que forzaron el simbolismo de que las tres autoridades del poder terrenal , las tres razas que se conocían en el momento, Melchor representando a los europeos caucásicos -en posición preminente- , Gaspar, representando a los pueblos asiáticos y Baltasar a los negros, lo que simultáneamente mostraba el simbolismo de que los poderes terrenales se postraban ante el recien nacido y a la vez éstos representaban a los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet

 

Ya no hubo más movimento iconográfico en este tema, que quedó fijado ya para siempre a partir de la simbología de Durero -y de todos los autores que vinieron detrás-

 

Un aspecto final curioso de su tradición es la que muestran algunos evangelios apócrifos, que sostienen que los magos después de encontrar a Jesús, peregrinaron juntos por varios puntos del globo, llegando incluso a la India, donde el apóstol Tomás los consagró como obispos (otras versiones quizá menos fantasiosas situan este hecho en tierras medas o persas)

 

La tradición apunta a que los magos murieron juntos y fueron enterrados juntos (?) siendo encontrado su sarcófago por Santa Elena que los llevó a Constantinopla, aparentemente desapareciendo de la historia. Hacia el año 850 la Iglesia de San Eustorgio de Milán afirmó estar en posesión de las reliquias de los restos de los magos. En 1164 cuando el emperador Federico Barbarroja saqueó Milán llevó esos restos a Alemania , siendo construida en su honor la catedral de Colonia, aún existente y morada última de esos tres personajes que hace dos mil años, según la tradición se pusieron en marcha para buscar el lugar del nacimiento de Jesús

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CONSULTORIO BÍBLICO

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Mateo 16, 28: "Os aseguro que algunos de los que están aquí, no morirán sin haber visto al Hijo del hombre viniendo en su reino." ¿Existe alguna explicación bíblica, filosófica o teológica para estas palabras?

Quique Fernández

Coordinador de Escuela de Animación Bíblica

El versículo sobre el que nos preguntamos presenta una cierta dificultad en la comprensión de su intención. Tanto es así que un buen número de exegetas dejan constancia en sus comentarios de tal dificultad.

La gran pregunta es a qué, o mejor aún “a cuándo”, se refiere Jesús al decir “al Hijo del hombre viniendo en su reino”. Esa manifestación plena de la gloria de Dios se puede entender que se refiere a su Transfiguración o a su Resurrección. Quizá esas dos posibilidades sean las más evidentes, pero no son las únicas.

Sin embargo, hay un dato que, a modo de pista, nos inclina a otorgar más posibilidades a la Transfiguración. El versículo que hoy nos ocupa es el último del capítulo 16 del Evangelio según San Mateo. Pues bien, el capítulo siguiente se inicia con las palabras “seis días después” y se nos narra el acontecimiento de la Transfiguración.

¿Casualidad? La proximidad en el tiempo es, sin duda, un dato relevante. Y el saber que los evangelistas siempre “hilan fino”, que nada en el Evangelio puede ser tomado como casualidad, nos llevan a vincular estrechamente las palabras de Jesús en Mt 16, 28 con el episodio narrado al inicio de Mt 17.

Aún más, parece corroborarlo San Pedro cuando dice “fuimos testigos oculares de su majestad” (2 Pe 1, 16). Efectivamente, en el Monte Tabor los apóstoles Pedro, Santiago y Juan contemplaron una imagen del Hijo de Dios.

Así, por tanto, de la misma manera que conocemos bien que Jesús anunció a sus apóstoles su Pasión y Muerte, y así como también les anunció su Resurrección, parece que podemos convenir que Jesús les anunciaba la manifestación de su condición divina en la Transfiguración, otorgando, pues, a este hecho una importancia manifiesta.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana)

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BIBLIA Y FAMILIA

Quique Fernández

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NO ME PESA, ES MI HERMANO

En el capítulo 3 del Libro del Éxodo Yahvé, Dios de Israel, se manifiesta ante Moisés, por medio de la zarza que arde, le presenta su plan de liberación del Pueblo de Israel de la opresión en Egipto y le llama a comprometerse en ese proyecto.

En el siguiente capítulo, el 4, Moisés desplegará toda su colección de excusas:

- “No van a creerme ni escucharán mi voz” (4,1)

- “Nunca he sido hombre de palabra fácil… soy torpe de boca y de lengua” (4,10)

- “Por favor, envía a cualquier otro” (4,13)

Y Dios le responderá con una solución, de entrada, inesperada:

"¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón. Tú le hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer” (4, 14-15).

Quizá más que “inesperada” deberíamos decir “lógica”. ¿Para qué está un hermano? Por supuesto que para los buenos momentos, los de los juegos de la infancia, las complicidades de la adolescencia, los diálogos de sobremesa llenos de recuerdos…

Pero también para esos otros momentos de la vida en el que necesitamos un apoyo, una “muleta”, que alguien cargue con nosotros y nos ayude a seguir el camino. Puede ser el compartir tristezas y dolores: la enfermedad y muerte de nuestros padres, la dificultad en la educación de los hijos, un periodo de crisis económica motivado por el desempleo o el trabajo precario…

Recuerdo la frase de una tarjeta de felicitación: “No me pesa, es mi hermano”. Esa frase la había hecho famosa una canción, “He Ain’t Heavy, He’s My Brother”, grabada en The Hollies en 1969, varias veces versionada tanto en inglés como en castellano.

Después de haber recorrido por el Libro del Génesis varias relaciones turbias entre hermanos (Caín y Abel, Esaú y Jacob, los hermanos de José) es todo un soplo de aire fresco encontrar una relación positiva entre hermanos.

Nos narra el final del capítulo 4:

"Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas. Aarón refirió todas las palabras que el Señor le había dicho a Moisés, el cual hizo las señales delante del pueblo. El pueblo creyó, y al oír que el Señor había visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se postraron y adoraron." (4, 29-31)

Así pues, la unión de fuerzas de los hermanos funcionó. Cada uno aportando sus capacidades y complementando los déficits del otro. Si Caín, si Esaú y Jacob, si los doce hermanos hijos de Jacob, hubiesen planteado las crisis desde la unidad y no desde la confrontación…

Tantas veces en la vida se nos plantean obstáculos, algunos de ellos bien

graves, que requieren de unidad afectiva y efectiva. Y tantas veces afrontamos

esas dificultades separados, divididos, enfrentados… cuando es desde el intento

de consenso y desde el respeto a la diversidad como realmente podemos

afrontar los problemas.

En los siguientes capítulos Moisés y Aarón seguirán formando un tándem al

servicio de Dios y el Pueblo.

 

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CLAVES DE LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS

Javier Velasco-Arias

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DOS HERMANOS ENFRENTADOS

En esta ocasión os propongo leer y meditar la historia de los dos hijos del patriarca Isaac y la matriarca Rebeca: Esaú y Jacob. Una narración que comienza en Génesis 25,19 y se extenderá por algunos capítulos de este primer libro bíblico. Incluso será la clave de lectura del conflicto endémico entre dos pueblos (hermanos), Edom e Israel, que encontraremos en diferentes narraciones bíblicas. Es un texto donde se mezclan valores y contravalores, la vida real, donde Dios continúa interviniendo.

La oración del indigente

Como percibimos, con cierta frecuencia, en los textos bíblicos, la esterilidad femenina que es vista como algo negativo en la antigüedad (el no tener hijos es lo peor que lo podía pasar a una mujer), es ocasión para una acción extraordinaria de Dios. Y de la misma manera que Sara, esposa de Abrahán, concibió gracias a la acción de Dios, también Rebeca: «Isaac rezó a Dios por su mujer, que era estéril. El Señor le escuchó y Rebeca, su mujer, concibió» (Génesis 25,21). La acción de Dios se hace presente escuchando la suplica del necesitado. El débil, el indigente, el pequeño siempre son objeto de la predilección divina.

El fruto del vientre de Rebeca serán dos hermanos gemelos: Esaú y Jacob. Dos hermanos que personifican a dos grandes pueblos: Edom e Israel. Dos naciones que estarán en conflicto continuo a lo largo de la historia.

El mayor es presentado como cazador y rudo, mientras que Jacob es descrito como un hombre tranquilo, pacífico, integro (diversas traducciones posibles de la expresión hebrea tam) y pastor nómada.

El hambre de Esaú

La escena sitúa a los dos hermanos ya adultos, dando un gran salto cronológico. Jacob está cocinando un guiso rojo (25,30), unas lentejas, aclarará el narrador después (25,34). El juego de palabras entre rojo y Edom (de la misma raíz en hebreo) justifica el nombre por el que será conocido el pueblo descendiente de Esaú. Esaú accede a «cambiar» o «vender» sus derechos de hijo mayor, de primogénito, por el guiso que está preparando su hermano. Sus ganas de comer, su ansiedad le ciegan la responsabilidad adquirida como heredero. Ocasión que aprovecha astutamente su hermano menor Jacob.

El engaño de Jacob

Esta circunstancia junto con el engaño posterior de Jacob a su padre, ya ciego, con la complicidad de su madre Rebeca, para recibir la bendición de primogénito (cf. Génesis 27), harán que se desate un grave antagonismo entre los dos hermanos, un odio a muerte.

Jacob suplanta a Esaú con el fin de hacerse con los derechos del hermano mayor, de la primogenitura que astutamente ha conseguido de su hermano. Y no se para ante la mentira, el disimulo, el fraude para conseguir lo que quiere. Curiosamente, a pesar de estas circunstancias, el plan de Dios se cumple. «Dios escribe recto con renglones torcidos» (frase atribuida a Teresa de Jesús, aunque de origen incierto).

Una herida por cicatrizar

Pero el engaño traerá funestas consecuencias, que no podemos obviar. La reconciliación será costosa, difícil e incompleta (Génesis 33,1-17). La historia posterior corroborará que la herida abierta entre estos dos hermanos, estos dos pueblos, nunca llegó a cicatrizar del todo.

Para la oración

Los temas para llevar a la plegaria son varios; cada persona ha de elegir la temática o las cuestiones que más inciden en su existencia personal y comunitaria: la fuerza de la oración, el plan de Dios, la predilección por los pequeños, los conflictos fraternales, el papel de los padres en la educación, el engaño y el fraude…

La oración, en muchas ocasiones, consigue lo aparentemente imposible. Hemos de poner nuestra confianza en la acción de Dios y no desfallecer. Isaac y Rebeca son ejemplos de una oración esperanzada, como rezamos en el libro de los Salmos: «Mi corazón, Señor, no es altanero, ni mis ojos altivos. No voy tras lo grandioso, ni tras lo prodigioso, que me excede, mas allano y aquieto mis deseos como el niño en el regazo de su madre: como el niño en el regazo, así están conmigo mis deseos. Tu esperanza, Israel, en el Señor, desde ahora, para siempre. (Salmo 131).

Pero todo no es laudable en la actitud de los diversos personajes. Esaú es un inconsciente y un irresponsable cuando es capaz de «cambiar» su primogenitura por un plato de lentejas. Lo inmediato prevalece sobre lo realmente importante. Y ¿en mi vida? ¿Sé realmente priorizar en cada ocasión? ¿Tengo siempre presente lo que es realmente importante o me dejo habitualmente llevar por lo inmediato, lo tangible, las «exigencias» del aquí y ahora?

O Jacob y su madre Rebeca que utilizan la mentira, el fraude, la deslealtad para conseguir sus fines, aunque estos sean buenos. ¿El fin justifica los medios? ¿No somos conscientes que todo no vale para obtener resultados? La persona religiosa y la persona honrada saben que el «todo vale» no es una opción ética, aunque el motivo sea bueno.

Una vida incoherente y egoísta lleva siempre al conflicto. El enfrentamiento con el otro es consecuencia de dichas actitudes. Y el narrador bíblico nos recuerdo que el otro siempre es tu hermano al que

debes amar, hijos ambos del mismo Padre. Edom e Israel serán dos pueblos siempre

enfrentados, pero en el plan original de Dios son hermanos. ¿También yo considero al otro

mi hermano o mi hermana?, sea quien sea.

Dios es el Señor de la Historia. Esto nos da esperanza y confianza. Ya que a pesar de

nuestras innumerables «meteduras de pata» el plan de Dios prevalecerá. Pero no se lo

pongamos cada vez más difícil.

Javier Velasco-Arias

(publicado previamente en el blog "Biblia y Pastoral" el día 9 de marzo de 2018)

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BIBLIA Y MISIÓN

P. Toni Plaza, MSC

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"COMO LOS QUE NOS PRECEDIERON EN LA FE"

Yo soy muy devoto de los que nos precedieron en la fe. ¡Cómo no recordarlos! Gracias a ellos somos lo que somos, personalmente y como Iglesia. Si ellos no hubiesen vivido lo que vivieron y, a pesar de todo y con todo, perseveraron, con toda esa fuerza espiritual, tenemos la posibilidad de realizar el sueño de Dios: su Reino. Ese mundo fraterno y unido en el que todos vivimos como hermanos y en el que a nadie le falta nada (ni si quiera la paz), porque todos estarán comprometidos entre sí por los lazos del espíritu de Dios, que desde siempre nos ha dado su aliento de vida (cf. Gn 1, 7; Hch 2, 4). En ese espíritu vivieron las primeras comunidades cristianas (cf. Hch 2, 42-47; 4, 32-37). Por eso es de vital importancia que seamos responsables y nos hagamos cargo de la vocación que recibimos y de la misión que Dios nos ha dado, “como los que nos precedieron en la fe”.

No me estoy refiriendo únicamente a los primeros cristianos o a aquellos que ya creemos en la presencia de Dios por su ejemplo de vida y testimonio de fe. Estoy, sobre todo, hablando, de aquellos que hemos tenido más de cerca en nuestra vida y que ciertamente han supuesto algo en ella. Es decir, al compartir con ellos nuestra vida, nuestras penas y alegrías, han sido un punto de apoyo y referentes que nos han ayudado a dar pasos decisivos y que no han tenido marcha atrás a pesar de las dificultades que hayan podido surgir en el camino. Me estoy refiriendo a parientes (padres, hermanos, tíos…) que, a su modo, han estado apoyándonos y que me siento muy orgulloso de haber tenido. Y también me refiero a toda esa gente que se nos ha ido cruzando por el camino.

Esta idea de los parientes, de la familia, que acabo de mencionar me recuerda las palabras de Pablo a Timoteo en 2Tm 1, 5: “Recuerdo tu fe sincera. Así eran tu abuela Loide y tu madre, Eunice, y estoy convencido de que la recibiste de ellas”. Esta es la traducción que hace la biblia latinoamericana; la de Jerusalén dice “sé que también ha arraigado en ti”. Otras traducciones bíblicas dicen: “primero habitó (o residió) en ellas… y también está en ti”. La idea está clara: “aquellos que nos precedieron en la fe”, que sintieron la llamada y misión que Dios les hacía, han influido en nosotros de manera sana, positiva, comprometida…

Ahora no estoy en un campo de misión como cuando estaba en Paraguay. Los caminos de Dios son como son y “regresé”. Aquí intento estar en contacto con esa realidad misionera y, como hay tantos de allá, conecto en seguida con ellos. En la capellanía del hospital público en la que colaboramos un día me llamaron porque uno de origen peruano, de religión budista (“religión sin Dios”), quería hablar con un sacerdote. Hablaré, en otro momento, más detenidamente de ese encuentro, porque, como siempre ha sucedido, se me confirmó lo importante que es hacernos presentes en la misión. Sólo mencionar aquí este vínculo tan especial de la fe con “los que nos precedieron” en ella. Este hermano peruano, casado con una mujer católica, recién había pasado por una grave enfermedad y vio la mano de Dios en su curación. Estaba planteándose el bautizarse y hacer un proceso de catecumenado para adultos. Me impresionó el “miedo” que le daba hablar con sus padres sobre el tema: “no quiero defraudarles”, me decía. ¡Qué diferencia entre allá y acá! ¡Aún importa qué decimos y cómo lo decimos! “Los que nos precedieron en la fe” no merecen nuestros respeto por su edad, sino por lo que han sido y son en nuestras vidas.

Además de la familia, también han estado muy cerca de mí el que nos acompañaba en el seminario, Carlos, que estuvo cinco años de misionero en Centroamérica y muchísimos años en un barrio obrero de Madrid; y también un gran misionero, el P. Pin, que sí dedicó toda su vida activa a la misión “más allá de sus fronteras” y que cuando regresó a España, ya mayor (a pesar de todo trabajó mucho en las capellanías que atendemos en Valladolid), tuve la suerte de compartir grandes, por largas y profundas, conversaciones sobre la misión y la Vida Religiosa. Es curioso, quizá ellos dos, por su testimonio y estilo tan particular de ser, fueron los que motivaron mucho mi vocación misionera. Entiendo, entonces, que, si cuidamos mucho nuestra forma de ser y de vivir, seguro que nuestros hijos, alumnos, feligreses…, aquellos que Dios nos pone a nuestro cuidado podrán plantearse muchas cosas en la vida.

Además de todas estas personas cercanas a mi vida, también, por supuesto, uno vive

en función de lo que está lleno. Es decir, ¿qué leo?, ¿de qué me informo?, ¿cómo lo

hago?, ¿con quiénes comparto vida, sueños…?, ¿qué y cómo oro? Cuando estaba en

el grupo juvenil del colegio, los dos personajes que siempre me han impresionado

mucho fueron dos: Madre Teresa de Calcuta (a quien pude ver en persona y quien me

impuso las manos y me bendijo) y el obispo Oscar Romero. ¡Qué curioso! ¡Los dos

desarrollaron sus vidas lejos de donde yo nací! De hecho, siempre quise ser misionero

en El Salvador (porque inglés no sé hablar) y finalmente me quedé en Paraguay…

cosas de la vida, pero siempre, siempre, agradecido por el testimonio de “los que nos

precedieron en la fe”.

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BIBLIA Y FAMILIA

Quique Fernández

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VIDA EN ABUNDANCIA

En el capítulo 1 del Libro del Éxodo se nos narra como el Pueblo de Israel está oprimido, esclavizado, por los egipcios y como, de entre las formas de tiranizar una destacaba sobre todas ellas: "Entonces Faraón dio a todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al Río" (1, 22)

Sucedió que una mujer israelita concibió y dio a luz a un niño que, tras ocultarlo durante tres meses, lo metió en una cesta de papiro y lo dejó en la orilla del río.

Por allí se bañaba la hija de Faraón que al divisar la cestilla pidió a una criada que la recogiera. Y en ella encontró al niño, al que de inmediato reconoció como hebreo, seguramente debido a la circuncisión.

Estamos ante un momento crucial. La hija del Faraón podría haber denunciado la presencia de un niño hebreo al que según la orden de su padre, Faraón, se le debía matar.

Pero no lo hace, apuesta por la vida y no por una ley injusta e inhumana.

No nos resulta nada difícil relacionar esta ley atroz con las leyes eugenésicas del nazismo. También entonces los hubo que mostraron su disconformidad con tal valentía que les costó la vida. Se podría pensar que no era su problema, como tampoco lo era de la hija de Faraón. Y, sin embargo, apostaron por la vida, y en el caso de los que objetaron contra las leyes nazis lo hicieron con la entrega de sus vidas.

Pues bien, después de que providencialmente la hermana del niño pudiese recomendar a la madre como nodriza, llega otro momento de enorme relevancia. Porque una cosa es no matarle y otra bien diferente es tomarlo como hijo.

La hija de Faraón adoptó al niño y “lo tuvo como propio” (2, 10) dándole su maternidad, su casa y el nombre de Moisés.

Tanto la adopción como la acogida de menores es una hermosa obra de amor de las

familias e, incluso, de misericordia, cuando hablamos de niños refugiados, huidos del

hambre, de la guerra, de la violencia doméstica.

Una egipcia nos ayuda en este capítulo a atisbar desde el Antiguo Testamento las

palabras de Jesús: “He venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”.

 

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LO SOCIAL DESDE LA BIBLIA

Mn Pere Pardo, DP

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NOÉ, ABRAHAM Y MOISÉS:

NEGOCIANTES DE LA SALVACIÓN

A veces escuchar los signos del tiempo es una cuestión de tener los ojos muy abiertos y dejar que las cosas de nuestro entorno nos impresionen como lo hace la luz en una cámara fotográfica encima de la película (me doy cuenta de que mis estudios de fotografía ahora quedan relegados a una minoría… Tengo bastantes lunas…).

Quería hablar en concreto de Moisés y su capacidad de “negociar” con el Faraón, pero al meditar sobre ello, me he dado cuenta que toda la historia de la salvación es como una negociación en donde el hombre siempre quiere ablandar el corazón de Dios y rebajar al máximo las exigencias para poderse salvar. Y hay que decir que a final lo consigue… Dios manda a su propio hijo para que “negocie” contra Él y así darnos una filiación divina para toda la humanidad.

Para mi, y a medida que me convierto en un aprendiz de la Sagrada Escritura, me enamoro más de estos tres patriarcas. Es curioso porqué también son los más lejanos en el tiempo pero se convierten en los más cercanos…

Mirad, Noé: cuando la Arca queda encallada en el fin del diluvio, Noé construyó un altar y ofreció un holocausto al Señor y dice: “Cuando al Señor le llegó aquel olor tan agradable, dijo: “Nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa del hombre, porque el hombre, desde joven, solo piensa en hacer lo malo. Tampoco volveré a destruir a todos los animales, como hice esta vez.” (Gn 8, 21). Noé sabe muy bien lo que tiene que hacer para que nunca más los hombres y mujeres sufran un diluvio. Nadie se lo pide, no hay ninguna norma escrita pero sabe que tiene que ablandar el corazón de Dios porque la humanidad volverá a pecar aunque sus intenciones no sean estas.

Más adelante nos encontramos con Abraham. ¡Que bonito es el fragmento de Génesis 18, 16-33! Dios va a destruir Sodoma y Gomorra. Ya no puede enviar un diluvio. Hizo una alianza con Noé y con toda la humanidad, pero si que puede destruir a una ciudad o territorio, pero entonces Abraham empieza a negociar con Dios… Si hay 50 inocentes, ¿Vas a destruir las ciudades? Y así sucesivamente hasta llegar a 10 inocentes con palabras tan dulces como: “–Por favor, mi Señor, no te enojes conmigo: hablaré tan sólo esta vez y no volveré a molestarte: ¿qué harás, en caso de encontrar únicamente diez? (Gn 18, 32) El problema es que al final Dios no encuentra ni a diez inocentes.

Al final, nos queda Moisés. Cuando pienso en él no puedo dejar de pensar en el film "Los Diez mandamientos" con Charlton Heston y Yul Brinner. Pero creo que el Moisés real no era como el de Charlton Heston, debía estar lleno de miedo, inseguro, dando instrucciones a Aaron para que hablase y sobre todo pensando lo bien que vivía con su mujer en las montañas. Pero él, junto a su hermano, iba a ver el Faraón a pedirle que dejara marchar al pueblo judío. A cada “No” del Faraón, una plaga y la tensión no dejaba de subir y subir. Moisés insiste al corazón del Faraón pero este no escucha y tiene un corazón de piedra. Al final con el último "No", con la Pascua, mueren todos los primogénitos de Egipto (Ex 12, 29-36) y el Faraón derrotado, deja marchar al pueblo judío. Es bonito si lo leemos en clave del Nuevo Testamento, pero sino, nos podemos sentir llenos de miedo delante de un Dios que no tiene misericordia de los inocentes de Egipto.

Mirad, en la Doctrina Social de la Iglesia encontramos espacios donde se habla de la enorme responsabilidad de los que tienen responsabilidades sobre las armas (Gaudium et Spes 80; CIC 2314) pero constantemente nos pide que seamos capaces de llegar a acuerdos, de negociar delante una situación bélicas, delante de conflictos, de desacuerdos… El Papa Pio XII en su mensaje radiofónico del 24 de diciembre de 1945 dijo “Para consolidar la primicia del derecho, prevalece el principio de confianza reciproca. Desde esta perspectiva, los instrumentos normativos para la resolución pacifica de las controversias se tiene que repensar para así reforzar la obligatoriedad y el ámbito”

En la doctrina social de la Iglesia se llama constantemente al acuerdo, negociación, pacto, etc… para encontrar acuerdos que consigan una paz. No una paz sin conflictos. Una paz con amor. Una paz en donde el perdón y el acuerdo lleguen al corazón y no un equilibrio encima de un cuchillo afilado.

Hoy lo necesitamos más que nunca.

 

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SAN PABLO NOS MUESTRA SUS CARTAS

Pedro Fernández

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PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS

(1a parte)

El bueno de Saulo, aquí ya marca perfectamente los tiempos de lo que debe ser el seguimiento al Crucificado, al Resucitado.

¿A quién seguís? ¿A mí acaso? ¿A éste? ¿A aquél?

Que equivocados estáis hermanos. Ellos y nosotros. Porque más allá de pertenecer a un movimiento religioso, a una orden religiosa, a… Más allá está la verdad. Y la única verdad es, para un cristiano , seguir a Jesús. Seguir el Evangelio.

Porque el Evangelio vivo es Jesús. Sabemos que la comunidad de Corinto, no conocía los “Evangelios” ni a los autores que hoy en día conocemos bien, o al menos deberíamos conocer. No aquella comunidad conocía relatos de personas que seguían a Jesús, y Pablo fue el gran inspirador del seguimiento y el primer “evangelizador”.

Pablo durante toda la primera carta a los Corintios, va dejando claro que solamente hay un camino a seguir. Solo el verdadero Camino, Verdad y Vida. Los demás solo son instrumentos, por extensión todos somos, del mensaje liberador de Cristo.

Pablo, y en eso es muy reiterativo, nos da las pautas de un verdadero seguimiento. Sin dispersiones.

Nos podemos, y debemos, aplicar este mensaje a nosotros, en nuestra época. Estamos demasiado dispersos, e incluso a veces parece que queremos enmendar la plana al mismísimo Jesús. Desde luego el atrevimiento no tiene límites.

Debemos ser “parábolas del Reino”. En el versículo 4, 20 nuestro querido Saulo lo deja claro: “Porque el reino de Dios no es cuestión de palabras, sino de eficacia”

 

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3 comentarios

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BIBLIA Y MISIÓN

P. Toni Plaza, MSC

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“EL QUE TE CREÓ SIN TI, NO PUEDE SALVARTE SIN TI"

(San Agustín)

No estoy al cien por cien de acuerdo que en tierras de misión más allá de nuestras fronteras (o del que llamábamos, creo injustamente, “nuestro primer mundo”) la vida de fe es más fácil. Al menos lo que he podido ver “in situ” es que también existe indiferencia y situaciones sociales y familiares muy dolorosas. También existe experiencias de fe más desde las apariencias que desde las opciones y no mencionemos las que, desde la religiosidad popular (no en todos los casos, ni mucho menos), son más expresión de magia, poderes ocultos y esotéricos (ahí están las típicas santerías en donde mezclan todo tipo de creencias) o búsqueda de la suerte y fortuna que no tienen nada que ver con un verdadero seguimiento de Jesús. Lo que sí es verdad, y eso emociona mucho, es que los que están comprometidos en la comunidad cristiana no se conforman con leer las lecturas en la misa, pasar la colecta o rezar el rosario antes de la misa… y es altamente gratificante caminar con ellos y aceptar junto a ellos los desafíos que la misión evangelizadora lleva consigo.

Una expresión de esa fuerte espiritualidad es la preocupación, como no podría ser de otro modo, de los padres, sobre todo las madres, preocupados por la vida de fe de sus hijos: “siempre les enseñé las cosas de nuestra Iglesia y… ahora…, ya ve padre”. Me quedé impresionado cuando en una ocasión una mujer me dijo que no le importaría ir al infierno con su hijo si eso era lo que Dios decidía sobre él. Por eso, me revelo contra ciertos procesos formativos, que aún existen sobre todo en esos campos de misión debido a la falta de evangelizadores preparados, que no se han abierto a la experiencia del corazón de Dios. En el número de mayo 2022 de la revista de teología pastoral de Sal Terrae (“La tiranía del mérito. Porque yo lo valgo”) hay una reflexión en varios artículos sobre la salvación, la gracia de Dios y el actuar del ser humano muy interesante que me gustaría compartir con todos ustedes.

San Agustín lo definió bien en esta frase: “El que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti” (Sermo ad populum 169, 11: PL 38, 923). Todo el bien que hacemos y somos capaces de hacer y, por tanto, seguramente haremos, viene de Dios, porque Él nos amó primero (cf. 1Jn 4, 19) y nos dio ejemplo de vida en Jesús de Nazaret. Su Palabra no son normas escritas, que muchas veces quedan “en papel mojado” o en los cajones de los muebles, sino una vida vivida, libre.

No puede ser que Dios no crea en la capacidad del hombre de creer, crecer y superarse. Él nos creó y sabe pues de lo que somos capaces de hacer. Así hizo con Pedro, por ejemplo (cf. Jn 21, 17). Por eso soy católico y no me convence la reflexión luterana, que miro con mucho respeto, pero ve al hombre incapaz de salvarse por su tendencia al pecado. Ni mucho menos me creo el lenguaje que usan las sectas protestantes tan extendidas en los campos de misión por la falta de presencia de la Iglesia católica. Ya no quiero contar lo que dice Jansenio y el predeterminismo (Cristo no ha muerto por todos sino por los predestinados) porque eso sí que es una barbaridad. La Iglesia siempre ha defendido la salvación del ser humano y que llegue al conocimiento de la verdad (cf. 1Tm 2, 4). Todo ser humano, insisto en la palabra todo, no sólo fue creado por Dios sino también lo fue a su imagen y semejanza y, por tanto, lleva en su esencia esa realidad “divina”, que llamaríamos una justicia, una salvación, original, regalo, por amor, de Dios Padre. Por eso, nadie queda excluido de ese amor de Dios, ni no cristianos ni ateos, aunque no quieran, porque es voluntad de Dios por gracia, por amor, y no podemos evitar que Dios sea bueno (cf. Mt 20, 12-15).

En la reflexión de la Iglesia, hay un texto muy interesante: es “tanta la bondad de Dios para con los hombres que quiere que sean méritos de ellos lo que es don suyo” (Concilio de Cartago del 418 d.C., en Detzinger 238-249). ¿No les parece genial esta idea? La Iglesia siempre ha estado motivada por el Espíritu de Jesús. No se trata, pues, de pensar, como creían los protestantes, que las obras del hombre dejaban de lado la salvación de Dios, sino de reconocer que hay en el hombre una justicia, en virtud de los méritos de Cristo, hecho hombre semejante a nosotros menos en el pecado (cf. sobre todo, 2Cor 5, 21; y también Flp 2, 7; Hb 2, 17; 4, 15; Gaudium et Spes 22), que le posibilita para realizar obras buenas y, por tanto, la recompensa de la vida eterna. Creer en esto es estar convencido de la obra de Dios en el ser humano que llega a su plenitud

porque es el mismo Dios el artífice de ese milagro. Como a todo padre que

sólo le preocupa el bien de sus hijos, a Dios no le importa tanto si hay de

parte nuestra una conciencia clara. Al menos, por las obras (sin ellas, la fe

muere: Santiago 2, 17), sí que existe esa conciencia de la bondad de Dios.

Es decir, aunque no le pongamos nombre, su fruto se nota y hace que la

esperanza no se desvanezca.

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CONSULTORIO BÍBLICO

¿LLEGÓ SAN PABLO A TARRACO O A OTROS LUGARES DE HISPANIA?

Quique Fernández

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Partimos de las palabras del mismo Pablo en su Carta a los Romanos. En ella muestra su intención de visitar en misión Hispania: “Cuando me dirija a Hispania” (15, 24); “Partiré para Hispania” (15, 28). Ya tenemos, pues, de entrada, la clara intención de Pablo.

Hay que añadir a esa fuente otras, quizá menos directas pero sí relevantes, como pueden ser el Apócrifo de Pedro, la Carta a los Corintios del Papa Clemente o el Fragmento de Muratori, que señalan en esa dirección.

Más recientemente debemos destacar dos congresos celebrados en Tarragona, “Pablo y Fructuoso. El cristianismo antiguo en Tarraco” (2008) y “Los últimos años de la vida de Pablo” (2013), en los que eminentes teólogos e historiadores europeos y americanos han concluido que existen huellas convincentes de la visita de San Pablo a Tarraco.

Si consultamos el libro “La Tarraco de los Primeros Cristianos” (2014) del Dr. Andreu Muñoz Melgar, historiador, arqueólogo y director del Museu Bíblic Tarraconense, junto al reconocimiento, desde la honradez intelectual que le caracteriza, de “no hallar ninguna evidencia material”, también nos aporta valiosos argumentos de “conexión empática” entre San Pablo y Tarraco (una de las huellas que antes he citado) y la valoración de “altamente probable” que ello sucediera.

Sin querer entrar en “competitividades históricas” entre lugares, no se descarta que Pablo

también misionase en la Bética (sur de Hispania). Pero se concibe como algo más difícil

debido a que se estima que Pablo pudo estar en Tarraco exiliado y, por tanto, con ciertas

limitaciones para viajar.

Lo que sí es evidente, cabe repetir, es que en la comunidad cristiana de Tarragona se

vive intensamente la huella de la influencia de Pablo.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana núm. 2234 de fecha 17

de

junio de 2022)

 

 

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