CONSULTORIO BÍBLICO

¿POR QUÉ LOS EVANGELIOS NO EXPLICAN LA MANERA COMO TIENE LUGAR LA RESURRECCIÓN?

Quique Fernández

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Coordinador de Escuela de Animación Bíblica

Si explicar la manera en que algo ocurre es entender todos los entresijos sustanciales y técnicos… la Resurrección de Jesús supera toda comprensión. Decimos que es un misterio, no porque se nos esconda, que no lo hace, al contrario, Jesús se aparece y se muestra como Resucitado, sino que es un misterio porque supera nuestras capacidades y, por tanto, nos asombra.

Cuando se produce un enamoramiento entre dos personas, ¿alguien se pregunta qué es lo que ha ocurrido científicamente o lo importante es lo que se siente, se vive, se experimenta?

María Magdalena encontró la piedra removida, Juan entrevió la sábana vacía, Pedro vio el sepulcro vacío. María Magdalena y Juan comprendieron que algo había pasado. Pero fue con Pedro, con la Iglesia, que se confirma e interpreta qué es lo que ha sucedido: resucitó tal como nos dijo. La Resurrección debe, pues, ser leída en clave de comunión eclesial. Así se puede explicar el significado que Juan esperará la llegada de Pedro al sepulcro.

Por tanto, nunca un vacío llenó tanto, o nunca un silencio dijo tanto. El sepulcro vacío habla. O, mejor dicho, se hace eco de la promesa de Jesús que es la culminación, el cumplimiento, de la promesa de Alianza de Dios para con sus hijos, con su Pueblo.

No estamos, pues, ante un fenómeno mágico sino un hecho real, histórico pero que a la vez trasciende nuestra dimensión histórica, y que los testigos que lo experimentan lo comparten. Es lo que, por ejemplo, hace San Pablo cuando dice a en la Primera Carta a los Corintios: “¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro?” (9, 1).

La mejor explicación, la más necesaria para nuestro caminar en la fe, será la consecuencia, la

experiencia transformadora, que vivirá la primera comunidad, que encontramos en el Libro de

los Hechos de los Apóstoles, lectura que proclamamos durante la Pascua. La vida de la

comunidad, el “mirad como se aman”, la esperanza que disipa las tinieblas, es la más grande

prueba de que Jesús vive.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana, en el número 2223 de fecha 1 de

mayo de 2022)

 

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CLAVES DE LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS

Javier Velasco-Arias

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UNA HISTORIA EJEMPLAR

A modo de novela

La «novela» ejemplar (si preferimos: novela histórica o historia novelada) de José o de «José y sus hermanos», ocupará una gran parte del libro del Génesis: del capítulo 37 al 50 (el final del libro), con dos paréntesis en los capítulos 38 y 49, en las que el narrador introduce dos historias menores, aunque sumamente curiosas (que no comentaremos en esta ocasión).

Un hijo predilecto

José es el hijo menor de Jacob (aún no ha nacido Benjamín) y el preferido de su padre, en una familia de once hermanos, de cuatro madres diferentes. La predilección paterna por José será motivo de envidias e intrigas entre los hermanos; además de él tener muy asumido su situación privilegiada que no duda en ostentar ante sus consanguíneos. Os invito a leer el texto íntegro, que nunca puede sustituir ningún comentario.

Envidia de los hermanos

Los hermanos deciden vengarse de José y alguno incluso no le importaría llegar hasta el asesinato fraticida. Al final, deciden vender a José como esclavo a unos mercaderes madianitas que lo llevarán a Egipto, donde se desarrollará la mayor parte de la historia que nos ocupa. Y los hermanos hacen creer a su padre que ha fallecido, devorado por una fiera.

Nueva vida

Los madianitas lo venden como esclavo a Putifar, un funcionario real egipcio (Génesis 37,36; 39,1). Las cosas le van bien, hasta que es acusado falsamente por la esposa de Putifar de haberla acosado sexualmente, cuando en realidad es en represalia por sentirse rechazada y despechada. José acaba en la cárcel.

En prisión conocerá a otros dos funcionarios reales, a los que José interpreta sus sueños, que, cómo él predice, significará el ajusticiamiento de uno y la libertad del otro (40,1-23). El compañero de prisión liberado, con el tiempo, sugerirá al monarca de Egipto, al Faraón, que José es la persona que podrá liberarle de la angustia de unos extraños sueños que nadie de su reino sabe interpretar.

Rectitud de José

José aparece en la narración cómo un hombre íntegro, sabio y fiel a Dios. La auténtica sabiduría es un don de Dios y no responde a artes mágicas o conocimientos ocultos: éste es el mensaje que se desprende del relato. El protagonista de la historia se mantiene honesto, insobornable, fiel a su fe, a pesar del exilio y de las circunstancias adversas.

El anuncio de José al Faraón de unos años de escasez, de hambre, después de un período de abundancia, cambiará la suerte de nuestro personaje. El monarca lo nombra visir y responsable de administrar las cosechas de Egipto, para que cuando llegue la carestía no halle al país desprevenido, sino que haya reservas más que suficientes (Génesis 41).

Reencuentro fraterno

La situación de carestía generalizada hará que los hermanos de José viajen a Egipto, para abastecerse de alimentos que en su tierra no encuentran. Los diferentes encuentros entre los hermanos, que no reconocen a José, son de una gran belleza narrativa (Génesis 42-45). El perdón sin resentimiento de José a sus hermanos, el amor fraternal, el reconocer la mano de Dios en las situaciones límite… nos muestran a un hombre bueno, misericordioso, sabio, fiel (45,4-15).

Jacob-Israel bajará a Egipto y se instalará en Gosén, junto a toda su familia (46,26-34). La «historia» preparará la narración del segundo libro de la Biblia Hebrea, del Éxodo, en la que los descendientes de Israel se convertirán en el Pueblo de Dios, después de su liberación de la opresión egipcia. Pero eso es otra historia, para una próxima ocasión. Nuestro relato acabará con la muerte de José (Génesis 50), después de una estancia idílica de él y toda su familia en el país de Egipto.

Para la oración

Las cuestiones posibles para meditar, para llevar a la oración, personal o comunitaria, son muchas. La «historia» de José está repleta de enseñanzas éticas y de valores y actitudes a practicar, a vivir.

La predilección de los padres por un hijo determinado es «caldo de cultivo» de envidias, rivalidades, incluso, odios entre hermanos. Los padres, madres, abuelos, educadores… hemos de revisar si caemos, o podemos caer, en favoritismos a la hora de relacionarnos con ellos. Los niños, los adolescentes, los jóvenes no son tontos: perciben estas situaciones como agravio, como desamor, como desprecio. Y las consecuencias pueden ser graves.

José es un hombre íntegro. No accede a las insinuaciones sexuales de la mujer de Putifar y acabará, a causa de ello, en la cárcel. ¿Yo soy capaz de resistir los «cantos de sirena» a los que con frecuencia me somete una cultura altamente sexualizada, donde la pornografía explícita es el «pan de cada día», en la que la genitalidad sustituye con frecuencia a la auténtica sexualidad? Y no es cuestión de volver a tiempos, felizmente superados, en los que el

sexto y el noveno mandamientos eran los únicos «mandamientos» contra los que se

pecaba. Ni a ser mojigatos en los temas referentes a la sexualidad o al erotismo. Pero

la auténtica sexualidad humana, el sano erotismo, o están integrados en el amor, en la

entrega mutua o difícilmente les podemos poner el adjetivo de «humano».

¿El perdón, el amor fraternal… superan las barreras del odio, de la venganza, del «ojo

por ojo y diente por diente»? A la pregunta que le hicieron a Jesús sobre el número de

veces que he de estar dispuesto a perdonar, respondió: «No te digo que hasta siete

veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18,22).

La auténtica sabiduría es un don de Dios. ¿Soy consciente de ello? o ¿prefiero jactarme, delante de los demás, de mis valores y logros?

Javier Velasco-Arias

(publicado previamente en el blog "Biblia y Pastoral" el día 11 de mayo de 2018)

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BIBLIA Y MISIÓN

P. Toni Plaza, MSC

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La vida es como el agua… cuando hay en abundancia, nunca se detiene…

“Una mirada de fe sobre la realidad no puede dejar de reconocer lo que siembra el Espíritu Santo” (Evangelii Gaudium, 68). Muchas veces corremos el riesgo de tener la respuesta a todo lo que pasa, porque somos gente preparada y con mucha experiencia, y si no encontramos la solución, siempre nos estaremos lamentando con el típico “¡hacia dónde vamos!” o “antes no era así”. Lo que está claro es que últimamente la velocidad de la vida es rápida y cosas que no esperábamos (la pandemia) han traído procesos que nos sorprenden y para los que no estábamos preparados. Queremos volver a lo de antes, pero, me temo, eso no va a ser posible.

No puede ser que el Espíritu Santo no esté presente y no está queriéndonos decir algo. Él siempre ha estado activo haciendo por la humanidad y moviendo a las personas. Lo vemos en la Palabra de Dios desde el principio, en la creación del mundo (Gn 1, 2) hasta el final, ayudando a la Iglesia (la Esposa) a que el Señor Jesús llegue definitivamente con su paz (Ap 22, 17-21). Y en medio de esta Historia de Salvación tan entrañable, que es la Biblia, hablando por los profetas (Ez 11, 5; Mi 3, 8; Zac 7, 12 por ejemplo) y en el inicio del ministerio de Jesús (Mc 10, 1 y paralelos) o con la primera comunidad cristiana (en el inicio, Hch 2, y en las dificultades, Hch 4, 31) y en la muerte del primer mártir (Esteban, Hch 7, 55). El Espíritu Santo siempre alentando, consciente o inconscientemente de parte de los que luchan por la vida.

No se ven las cosas del mismo modo desde esta parte del mundo que desde otras, más en concreto hacia el sur. Me parece que no es apropiado decir que aquí ya perdió la fe el partido de la vida y que en el sur son más creyentes. Sí que es verdad que los que vienen a la Iglesia son más activos, pero también existe indiferencia y, dado la poco presencia de instituciones para el bien común (escuela, iglesia, comisaría, hospitales…), existe “abandono” y despreocupación teniendo como única salida la solidaridad y el apoyo. Todo esto influye en la dinámica de la vida provocando que también haya violencia, alcoholismo, peleas con finales dramáticos y aparecen “mesías” o políticos que se creen salvadores de los “pobres alejados de la civilización y de las posibilidades de crecimiento para después quedar en el olvido”.

Pero siempre hay gente buena que sale adelante y ayuda a salir adelante, que entiende perfectamente que no se puede vivir de este modo. Y espontáneamente surge en ellas la necesidad de compartir. Recuerdo en la primera zona rural en el sur de Paraguay en la que estuve por cuatro años. Una soleada tarde de verano, aun en temporada escolar, me dirigía a una de las comunidades que atendíamos y en el viaje de ida me encontré a un grupo de niños que iban a la escuela (turno tarde). Claro, la camioneta del sacerdote, con carrocería abierta en la parte de atrás, siempre está disponible para llevar a gente. Me detuve y les hice subir. Ellos encantados. Al poco tiempo me encontré otro grupo de niños que regresaban de la escuela (turno mañana) y una de las niñas que llevaba, golpea el techo de la camioneta (señal para detenerme) y me fijo que uno de los que iban caminando le estaba dando los útiles escolares que ella había usado. Compartían sus materiales para la escuela. Se me quedó también gravada la imagen de niñas con 11 ó 12 años, o menos, con sus hermanitos pequeños sentados en sus caderas, porque no podían con ellos, cuidándolos porque sus padres estaban fuera trabajando. Con esa forma de vida, seguro aprenden lo que es la entrega, el sacrificio y la solidaridad. El Espíritu sopla con mucha fuerza en los pobres y en los que optan por acompañarlos: se contagian de esa vida que brota de ellos.

Cuando se habla de las periferias existenciales no referimos a todos aquellos que necesitan una palabra de aliento en sus vidas. “Una Iglesia cerrada es una Iglesia enferma. La Iglesia debe salir de sí misma. ¿Adónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean, pero salir”. Hay que salir, dice Francisco. Cuando dice estas palabras, no está muy claro a qué se refiere, pero siempre le hemos visto teniendo gestos con presos, inmigrantes, pobres… que nos recuerda mucho a Mt 25,35-36: “tuve hambre y me dieron de comer…”.

“Y les decía: La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al

Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como

corderos en medio de lobos”(Lucas 10, 2-3). Que los que envíes, Señor, sepan

trabajar unidos y no simplemente con mucha voluntad de servir, sino con

capacidad de trabajar en equipo y organizadamente, sin perder humanidad y con

el corazón al ritmo del tuyo. Guíanos según tu Espíritu, creador de vida, y que

sepamos vencer la cultura de muerte que quiere “cortar las alas” a los que

quieren vivir en plenitud: “Lucharon vida y muerte en singular batalla y muerto el

que es la vida, triunfante se levanta” (secuencia de Pascua).

 

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Quienes eran los Reyes Magos?

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Uno de los aspectos más recurrentes y más fijados en el inconsciente colectivo relacionado con la iconografía bíblica es la presencia de los tres personajes que adoraron a Jesús en ocasión de su llegada al mundo, y le ofrecieron oro incienso y mirra. En los pesebres, aparece siempre la imagen aparentemente coincidente en el tiempo del nacimiento de Jesús y de su adoración por los Reyes Magos como si fuesen hechos simultáneos en el tiempo, cuando en realidad el nacimiento aparece exclusivamente en el evangelio de Lucas y la adoración en el de Mateo.

Lucas se refiere a la adoración del Niño por pastores mientras que Mateo (3,1) refiere a la adoración de tres personajes (?) venidos de Oriente con la expresión "magoi apò anatoloon". La traducción de el termino griego Magoi por "Magos" ha cuajado en el pensamiento colectivo, aún siendo equívoca. Así en las cortes orientales los  consejeros sacerdotales de alto nivel eran relacionados con el arte de la magia y la astrología (que en ese momento era equivalente a la astronomía). Eso sucedía en las cortes de Babilonia y Persia, a su vez familiarizadas con la mitología específica del pueblo hebreo por el exilio babilónico

Los astrónomos del momento ya conocían fenómenos celestes como el cometa Halley,(Flavio Josefo documentó su llegada en el -12ac)  por lo que es sorprendente que tres personajes muy probablemente del mismo punto geográfico atravesasen miles de kilómetros para perseguir una figura astronómica completamente insólita que por su movimiento  diario  en el perihelio celeste parecía mostrar una dirección, aproximada en la zona de Jerusalén

Hace unos años se descubrió un manuscrito de la dinastía Han por el que astrónomos   percibieron lo que pudo ser la explosión de una supernova  de finales de marzo a prinicpios de abril de -5 ac lo que nos indicaría una posible explicacion a este viaje de los "magos" para contemplar el destino de este evento celeste, y lo que a su vez implicaría, que esa presencia de los magos no fue un recurso  simbólico del evangelista sino algo rigurosamente real

Mateo no nos muestra ninguna señal ni que cuantos "magos" eran  ni de su número. La suposición de que eran tres y cuales eran sus nombres tiene un origen iconográfico claro. El moaico de la Iglesia de San Apolinario el nuevo de Rávena en Italia (siglo VI)

 

 

 

 

 

Estos "reyes" son posiblemente los que mejor reflejan la realidad de lo que pudo haber ocurrido en la Adoración. Visten ropajes persas o babilónicos, alejados de las vestimentas exageradas de la iconografía habitual de los belenes. Su condición de supuestos reyes sería meramente simbólica y referente a que los poderes de la tierra se postrarían ante el recien nacido. (Salmo 72: "Postrénse ante ël los Reyes y sírvanle todos los pueblos"

 

En este mosaico aparecen los nombres de los "magos", Baltasar, Melchor y Gaspar, los tres de raza blanca caucásicos. Una de sus primeras descripciones documentales procede del monje Veda el Venerable (673-735) que los describe como Melchor (ofrece oro, símbolo de la realeza), Gaspar (ofrece 

incienso) descrito como de tez rosada y Baltasar, (ofrece Mirra, símbolo de su muerte), definido en latin como "fuscus", de tez oscura.

 

En el Liber Pontificalis de Ravena (845) aparecen estos nombres , que adquieren carta de naturaleza sin que haya constancia real historiográfica de su veracidad

 

A partir aproximadamente de 1450, con la explosión del renacimiento pictórico, el arte concede una importancia capital a dos motivos ; el nacimiento y la epifania, que permitían representar la piedad popular de una manera sencilla y directa . Pese al hecho de que en la literalidad evangélica el nacimiento y la epifanía no fueron hechos simultáneos sino separados por  días, como indica la tradición

 

A partir de este momento los Medicis se convierten en los grandes avaladores pictóricos de la tradición de los Reyes y bajo su mecenazgo  se encargan la mayoría de ellas. 

 

 

 

 

 

Así, en la Adoración de los Magos, pintada por Sandro Boticelli en 1475 en la galería de los Ufizzi en Florencia, los tres reyes son la imagen de tres Medicis: Baltasar es Pedro el Gotoso , Melchor es Cosme y Gaspar es Juan.  Los tres ya habían fallecido pero Boticelli les homenajeó en esta pintura:

 

Cosme es el personaje que está frente a la Virgen, su hijo Pedro de Medici está a su lado y su hermano Juan es el tercero por la derecha . En la escena aparecen otros miembros de la familia Medici, como por ejemplo Lorenzo o Juliano de Medici que aparecen a la izquierda de la imagen, aunque Juliano podría ser el que aprece con vestimenta roja a la derecha de la imagen

 

La obsesión retratista de Boticelli le  llevó a pintarse a si mismo (jubón amarillo a la derecha)

 

Vasari, el historiador clásico del arte escribió de esta escena:

 

“La belleza de las cabezas en esta escena es indescriptible, sus actitudes diferentes, algunos de frente, algunos en perfil, algún en tres cuartos, algunos se agachados, y de varias otras maneras, mientras que las expresiones de los asistentes, jóvenes y viejos, varían grandemente, exhibiendo la maestría perfecta del artista en su profesión. Sandro luego demuestra claramente la distinción entre los trajes de cada uno de los reyes. Es un trabajo maravilloso en color, diseño y composición."

La familia quedó entusiasmada con este cuadro y realizó multitud de encargos a su autor hasta que marchó en 1481 a Roma

 

Este cuadro además nos muestra otra particularidad de la iconografía de los "magos" y es que ya se pierde completamente cualquier intención de mostrar una rigurosidad y verosimilitud de lo que debía haber sido este episodio  en relación a la iconografía previa, en la que como en el mosaico de Ravena se mostraba un trío de personajes presumiblemente de origen persa, mientras que ahora, sus representaciones coinciden con la fisonomía de personajes reales de la época y sobre todo son blancos:

 

Esto se muestra por ejemplo en 

 

Adoración de los Magos (Tomasso Masaccio 1426) con una técnica muy similar a la de Giotto  (Pisa)

Altar de los Tres Reyes (Roger van der Weiden 1455), muy renacentista, actualmente en Munich

El cortejo de los Magos ((Gozzoli 1461) en un palacio de los Medici de Florencia

Adoración de los Magos (Hugo Van der Goes 1480), actualmente en Berlín

 

Todos ellos tienen unas características pictóricas similares, sobre todo temáticas y de distribución de las figuras, con escasos matices entre ellas.

 

Hasta que llegamos a la gran innovación iconográfica del tema de los Magos:

 

Con el cambio de siglo se produce una innovación especialmente singular en este tema, y es convertir al "rey " Baltasar en negro

 

Adoración de los Magos (Durero) actualmente en Florencia

 

 

 

 

Los tres magos son, como marca la tradición pictórica hasta ese

momento: Melchor, que parece llevar la voz cantante ya que es

el mas viejo de los tres, Gaspar, con melena pelirroja

(la iconografía ya actual de este "mago"), y que es la representación del propio Durero y la gran innovación, un tercer mago, que sería Baltaaar, genuinamente e insólitamente negro

 

No está del todo clara la justificación de esta innovación, pero probablemente se deba a las necesidades ecuménicas de la iglesia del momento que forzaron el simbolismo de que las tres autoridades del poder terrenal , las tres razas que se conocían en el momento, Melchor representando a los europeos caucásicos -en posición preminente- , Gaspar, representando a los pueblos asiáticos y Baltasar a los negros, lo que simultáneamente mostraba el simbolismo de que los poderes terrenales se postraban ante el recien nacido y a la vez éstos representaban a los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet

 

Ya no hubo más movimento iconográfico en este tema, que quedó fijado ya para siempre a partir de la simbología de Durero -y de todos los autores que vinieron detrás-

 

Un aspecto final curioso de su tradición es la que muestran algunos evangelios apócrifos, que sostienen que los magos después de encontrar a Jesús, peregrinaron juntos por varios puntos del globo, llegando incluso a la India, donde el apóstol Tomás los consagró como obispos (otras versiones quizá menos fantasiosas situan este hecho en tierras medas o persas)

 

La tradición apunta a que los magos murieron juntos y fueron enterrados juntos (?) siendo encontrado su sarcófago por Santa Elena que los llevó a Constantinopla, aparentemente desapareciendo de la historia. Hacia el año 850 la Iglesia de San Eustorgio de Milán afirmó estar en posesión de las reliquias de los restos de los magos. En 1164 cuando el emperador Federico Barbarroja saqueó Milán llevó esos restos a Alemania , siendo construida en su honor la catedral de Colonia, aún existente y morada última de esos tres personajes que hace dos mil años, según la tradición se pusieron en marcha para buscar el lugar del nacimiento de Jesús

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CONSULTORIO BÍBLICO

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Mateo 16, 28: "Os aseguro que algunos de los que están aquí, no morirán sin haber visto al Hijo del hombre viniendo en su reino." ¿Existe alguna explicación bíblica, filosófica o teológica para estas palabras?

Quique Fernández

Coordinador de Escuela de Animación Bíblica

El versículo sobre el que nos preguntamos presenta una cierta dificultad en la comprensión de su intención. Tanto es así que un buen número de exegetas dejan constancia en sus comentarios de tal dificultad.

La gran pregunta es a qué, o mejor aún “a cuándo”, se refiere Jesús al decir “al Hijo del hombre viniendo en su reino”. Esa manifestación plena de la gloria de Dios se puede entender que se refiere a su Transfiguración o a su Resurrección. Quizá esas dos posibilidades sean las más evidentes, pero no son las únicas.

Sin embargo, hay un dato que, a modo de pista, nos inclina a otorgar más posibilidades a la Transfiguración. El versículo que hoy nos ocupa es el último del capítulo 16 del Evangelio según San Mateo. Pues bien, el capítulo siguiente se inicia con las palabras “seis días después” y se nos narra el acontecimiento de la Transfiguración.

¿Casualidad? La proximidad en el tiempo es, sin duda, un dato relevante. Y el saber que los evangelistas siempre “hilan fino”, que nada en el Evangelio puede ser tomado como casualidad, nos llevan a vincular estrechamente las palabras de Jesús en Mt 16, 28 con el episodio narrado al inicio de Mt 17.

Aún más, parece corroborarlo San Pedro cuando dice “fuimos testigos oculares de su majestad” (2 Pe 1, 16). Efectivamente, en el Monte Tabor los apóstoles Pedro, Santiago y Juan contemplaron una imagen del Hijo de Dios.

Así, por tanto, de la misma manera que conocemos bien que Jesús anunció a sus apóstoles su Pasión y Muerte, y así como también les anunció su Resurrección, parece que podemos convenir que Jesús les anunciaba la manifestación de su condición divina en la Transfiguración, otorgando, pues, a este hecho una importancia manifiesta.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana)

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BIBLIA Y FAMILIA

Quique Fernández

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NO ME PESA, ES MI HERMANO

En el capítulo 3 del Libro del Éxodo Yahvé, Dios de Israel, se manifiesta ante Moisés, por medio de la zarza que arde, le presenta su plan de liberación del Pueblo de Israel de la opresión en Egipto y le llama a comprometerse en ese proyecto.

En el siguiente capítulo, el 4, Moisés desplegará toda su colección de excusas:

- “No van a creerme ni escucharán mi voz” (4,1)

- “Nunca he sido hombre de palabra fácil… soy torpe de boca y de lengua” (4,10)

- “Por favor, envía a cualquier otro” (4,13)

Y Dios le responderá con una solución, de entrada, inesperada:

"¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón. Tú le hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer” (4, 14-15).

Quizá más que “inesperada” deberíamos decir “lógica”. ¿Para qué está un hermano? Por supuesto que para los buenos momentos, los de los juegos de la infancia, las complicidades de la adolescencia, los diálogos de sobremesa llenos de recuerdos…

Pero también para esos otros momentos de la vida en el que necesitamos un apoyo, una “muleta”, que alguien cargue con nosotros y nos ayude a seguir el camino. Puede ser el compartir tristezas y dolores: la enfermedad y muerte de nuestros padres, la dificultad en la educación de los hijos, un periodo de crisis económica motivado por el desempleo o el trabajo precario…

Recuerdo la frase de una tarjeta de felicitación: “No me pesa, es mi hermano”. Esa frase la había hecho famosa una canción, “He Ain’t Heavy, He’s My Brother”, grabada en The Hollies en 1969, varias veces versionada tanto en inglés como en castellano.

Después de haber recorrido por el Libro del Génesis varias relaciones turbias entre hermanos (Caín y Abel, Esaú y Jacob, los hermanos de José) es todo un soplo de aire fresco encontrar una relación positiva entre hermanos.

Nos narra el final del capítulo 4:

"Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas. Aarón refirió todas las palabras que el Señor le había dicho a Moisés, el cual hizo las señales delante del pueblo. El pueblo creyó, y al oír que el Señor había visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se postraron y adoraron." (4, 29-31)

Así pues, la unión de fuerzas de los hermanos funcionó. Cada uno aportando sus capacidades y complementando los déficits del otro. Si Caín, si Esaú y Jacob, si los doce hermanos hijos de Jacob, hubiesen planteado las crisis desde la unidad y no desde la confrontación…

Tantas veces en la vida se nos plantean obstáculos, algunos de ellos bien

graves, que requieren de unidad afectiva y efectiva. Y tantas veces afrontamos

esas dificultades separados, divididos, enfrentados… cuando es desde el intento

de consenso y desde el respeto a la diversidad como realmente podemos

afrontar los problemas.

En los siguientes capítulos Moisés y Aarón seguirán formando un tándem al

servicio de Dios y el Pueblo.

 

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CLAVES DE LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS

Javier Velasco-Arias

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DOS HERMANOS ENFRENTADOS

En esta ocasión os propongo leer y meditar la historia de los dos hijos del patriarca Isaac y la matriarca Rebeca: Esaú y Jacob. Una narración que comienza en Génesis 25,19 y se extenderá por algunos capítulos de este primer libro bíblico. Incluso será la clave de lectura del conflicto endémico entre dos pueblos (hermanos), Edom e Israel, que encontraremos en diferentes narraciones bíblicas. Es un texto donde se mezclan valores y contravalores, la vida real, donde Dios continúa interviniendo.

La oración del indigente

Como percibimos, con cierta frecuencia, en los textos bíblicos, la esterilidad femenina que es vista como algo negativo en la antigüedad (el no tener hijos es lo peor que lo podía pasar a una mujer), es ocasión para una acción extraordinaria de Dios. Y de la misma manera que Sara, esposa de Abrahán, concibió gracias a la acción de Dios, también Rebeca: «Isaac rezó a Dios por su mujer, que era estéril. El Señor le escuchó y Rebeca, su mujer, concibió» (Génesis 25,21). La acción de Dios se hace presente escuchando la suplica del necesitado. El débil, el indigente, el pequeño siempre son objeto de la predilección divina.

El fruto del vientre de Rebeca serán dos hermanos gemelos: Esaú y Jacob. Dos hermanos que personifican a dos grandes pueblos: Edom e Israel. Dos naciones que estarán en conflicto continuo a lo largo de la historia.

El mayor es presentado como cazador y rudo, mientras que Jacob es descrito como un hombre tranquilo, pacífico, integro (diversas traducciones posibles de la expresión hebrea tam) y pastor nómada.

El hambre de Esaú

La escena sitúa a los dos hermanos ya adultos, dando un gran salto cronológico. Jacob está cocinando un guiso rojo (25,30), unas lentejas, aclarará el narrador después (25,34). El juego de palabras entre rojo y Edom (de la misma raíz en hebreo) justifica el nombre por el que será conocido el pueblo descendiente de Esaú. Esaú accede a «cambiar» o «vender» sus derechos de hijo mayor, de primogénito, por el guiso que está preparando su hermano. Sus ganas de comer, su ansiedad le ciegan la responsabilidad adquirida como heredero. Ocasión que aprovecha astutamente su hermano menor Jacob.

El engaño de Jacob

Esta circunstancia junto con el engaño posterior de Jacob a su padre, ya ciego, con la complicidad de su madre Rebeca, para recibir la bendición de primogénito (cf. Génesis 27), harán que se desate un grave antagonismo entre los dos hermanos, un odio a muerte.

Jacob suplanta a Esaú con el fin de hacerse con los derechos del hermano mayor, de la primogenitura que astutamente ha conseguido de su hermano. Y no se para ante la mentira, el disimulo, el fraude para conseguir lo que quiere. Curiosamente, a pesar de estas circunstancias, el plan de Dios se cumple. «Dios escribe recto con renglones torcidos» (frase atribuida a Teresa de Jesús, aunque de origen incierto).

Una herida por cicatrizar

Pero el engaño traerá funestas consecuencias, que no podemos obviar. La reconciliación será costosa, difícil e incompleta (Génesis 33,1-17). La historia posterior corroborará que la herida abierta entre estos dos hermanos, estos dos pueblos, nunca llegó a cicatrizar del todo.

Para la oración

Los temas para llevar a la plegaria son varios; cada persona ha de elegir la temática o las cuestiones que más inciden en su existencia personal y comunitaria: la fuerza de la oración, el plan de Dios, la predilección por los pequeños, los conflictos fraternales, el papel de los padres en la educación, el engaño y el fraude…

La oración, en muchas ocasiones, consigue lo aparentemente imposible. Hemos de poner nuestra confianza en la acción de Dios y no desfallecer. Isaac y Rebeca son ejemplos de una oración esperanzada, como rezamos en el libro de los Salmos: «Mi corazón, Señor, no es altanero, ni mis ojos altivos. No voy tras lo grandioso, ni tras lo prodigioso, que me excede, mas allano y aquieto mis deseos como el niño en el regazo de su madre: como el niño en el regazo, así están conmigo mis deseos. Tu esperanza, Israel, en el Señor, desde ahora, para siempre. (Salmo 131).

Pero todo no es laudable en la actitud de los diversos personajes. Esaú es un inconsciente y un irresponsable cuando es capaz de «cambiar» su primogenitura por un plato de lentejas. Lo inmediato prevalece sobre lo realmente importante. Y ¿en mi vida? ¿Sé realmente priorizar en cada ocasión? ¿Tengo siempre presente lo que es realmente importante o me dejo habitualmente llevar por lo inmediato, lo tangible, las «exigencias» del aquí y ahora?

O Jacob y su madre Rebeca que utilizan la mentira, el fraude, la deslealtad para conseguir sus fines, aunque estos sean buenos. ¿El fin justifica los medios? ¿No somos conscientes que todo no vale para obtener resultados? La persona religiosa y la persona honrada saben que el «todo vale» no es una opción ética, aunque el motivo sea bueno.

Una vida incoherente y egoísta lleva siempre al conflicto. El enfrentamiento con el otro es consecuencia de dichas actitudes. Y el narrador bíblico nos recuerdo que el otro siempre es tu hermano al que

debes amar, hijos ambos del mismo Padre. Edom e Israel serán dos pueblos siempre

enfrentados, pero en el plan original de Dios son hermanos. ¿También yo considero al otro

mi hermano o mi hermana?, sea quien sea.

Dios es el Señor de la Historia. Esto nos da esperanza y confianza. Ya que a pesar de

nuestras innumerables «meteduras de pata» el plan de Dios prevalecerá. Pero no se lo

pongamos cada vez más difícil.

Javier Velasco-Arias

(publicado previamente en el blog "Biblia y Pastoral" el día 9 de marzo de 2018)

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BIBLIA Y MISIÓN

P. Toni Plaza, MSC

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"COMO LOS QUE NOS PRECEDIERON EN LA FE"

Yo soy muy devoto de los que nos precedieron en la fe. ¡Cómo no recordarlos! Gracias a ellos somos lo que somos, personalmente y como Iglesia. Si ellos no hubiesen vivido lo que vivieron y, a pesar de todo y con todo, perseveraron, con toda esa fuerza espiritual, tenemos la posibilidad de realizar el sueño de Dios: su Reino. Ese mundo fraterno y unido en el que todos vivimos como hermanos y en el que a nadie le falta nada (ni si quiera la paz), porque todos estarán comprometidos entre sí por los lazos del espíritu de Dios, que desde siempre nos ha dado su aliento de vida (cf. Gn 1, 7; Hch 2, 4). En ese espíritu vivieron las primeras comunidades cristianas (cf. Hch 2, 42-47; 4, 32-37). Por eso es de vital importancia que seamos responsables y nos hagamos cargo de la vocación que recibimos y de la misión que Dios nos ha dado, “como los que nos precedieron en la fe”.

No me estoy refiriendo únicamente a los primeros cristianos o a aquellos que ya creemos en la presencia de Dios por su ejemplo de vida y testimonio de fe. Estoy, sobre todo, hablando, de aquellos que hemos tenido más de cerca en nuestra vida y que ciertamente han supuesto algo en ella. Es decir, al compartir con ellos nuestra vida, nuestras penas y alegrías, han sido un punto de apoyo y referentes que nos han ayudado a dar pasos decisivos y que no han tenido marcha atrás a pesar de las dificultades que hayan podido surgir en el camino. Me estoy refiriendo a parientes (padres, hermanos, tíos…) que, a su modo, han estado apoyándonos y que me siento muy orgulloso de haber tenido. Y también me refiero a toda esa gente que se nos ha ido cruzando por el camino.

Esta idea de los parientes, de la familia, que acabo de mencionar me recuerda las palabras de Pablo a Timoteo en 2Tm 1, 5: “Recuerdo tu fe sincera. Así eran tu abuela Loide y tu madre, Eunice, y estoy convencido de que la recibiste de ellas”. Esta es la traducción que hace la biblia latinoamericana; la de Jerusalén dice “sé que también ha arraigado en ti”. Otras traducciones bíblicas dicen: “primero habitó (o residió) en ellas… y también está en ti”. La idea está clara: “aquellos que nos precedieron en la fe”, que sintieron la llamada y misión que Dios les hacía, han influido en nosotros de manera sana, positiva, comprometida…

Ahora no estoy en un campo de misión como cuando estaba en Paraguay. Los caminos de Dios son como son y “regresé”. Aquí intento estar en contacto con esa realidad misionera y, como hay tantos de allá, conecto en seguida con ellos. En la capellanía del hospital público en la que colaboramos un día me llamaron porque uno de origen peruano, de religión budista (“religión sin Dios”), quería hablar con un sacerdote. Hablaré, en otro momento, más detenidamente de ese encuentro, porque, como siempre ha sucedido, se me confirmó lo importante que es hacernos presentes en la misión. Sólo mencionar aquí este vínculo tan especial de la fe con “los que nos precedieron” en ella. Este hermano peruano, casado con una mujer católica, recién había pasado por una grave enfermedad y vio la mano de Dios en su curación. Estaba planteándose el bautizarse y hacer un proceso de catecumenado para adultos. Me impresionó el “miedo” que le daba hablar con sus padres sobre el tema: “no quiero defraudarles”, me decía. ¡Qué diferencia entre allá y acá! ¡Aún importa qué decimos y cómo lo decimos! “Los que nos precedieron en la fe” no merecen nuestros respeto por su edad, sino por lo que han sido y son en nuestras vidas.

Además de la familia, también han estado muy cerca de mí el que nos acompañaba en el seminario, Carlos, que estuvo cinco años de misionero en Centroamérica y muchísimos años en un barrio obrero de Madrid; y también un gran misionero, el P. Pin, que sí dedicó toda su vida activa a la misión “más allá de sus fronteras” y que cuando regresó a España, ya mayor (a pesar de todo trabajó mucho en las capellanías que atendemos en Valladolid), tuve la suerte de compartir grandes, por largas y profundas, conversaciones sobre la misión y la Vida Religiosa. Es curioso, quizá ellos dos, por su testimonio y estilo tan particular de ser, fueron los que motivaron mucho mi vocación misionera. Entiendo, entonces, que, si cuidamos mucho nuestra forma de ser y de vivir, seguro que nuestros hijos, alumnos, feligreses…, aquellos que Dios nos pone a nuestro cuidado podrán plantearse muchas cosas en la vida.

Además de todas estas personas cercanas a mi vida, también, por supuesto, uno vive

en función de lo que está lleno. Es decir, ¿qué leo?, ¿de qué me informo?, ¿cómo lo

hago?, ¿con quiénes comparto vida, sueños…?, ¿qué y cómo oro? Cuando estaba en

el grupo juvenil del colegio, los dos personajes que siempre me han impresionado

mucho fueron dos: Madre Teresa de Calcuta (a quien pude ver en persona y quien me

impuso las manos y me bendijo) y el obispo Oscar Romero. ¡Qué curioso! ¡Los dos

desarrollaron sus vidas lejos de donde yo nací! De hecho, siempre quise ser misionero

en El Salvador (porque inglés no sé hablar) y finalmente me quedé en Paraguay…

cosas de la vida, pero siempre, siempre, agradecido por el testimonio de “los que nos

precedieron en la fe”.

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BIBLIA Y FAMILIA

Quique Fernández

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VIDA EN ABUNDANCIA

En el capítulo 1 del Libro del Éxodo se nos narra como el Pueblo de Israel está oprimido, esclavizado, por los egipcios y como, de entre las formas de tiranizar una destacaba sobre todas ellas: "Entonces Faraón dio a todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al Río" (1, 22)

Sucedió que una mujer israelita concibió y dio a luz a un niño que, tras ocultarlo durante tres meses, lo metió en una cesta de papiro y lo dejó en la orilla del río.

Por allí se bañaba la hija de Faraón que al divisar la cestilla pidió a una criada que la recogiera. Y en ella encontró al niño, al que de inmediato reconoció como hebreo, seguramente debido a la circuncisión.

Estamos ante un momento crucial. La hija del Faraón podría haber denunciado la presencia de un niño hebreo al que según la orden de su padre, Faraón, se le debía matar.

Pero no lo hace, apuesta por la vida y no por una ley injusta e inhumana.

No nos resulta nada difícil relacionar esta ley atroz con las leyes eugenésicas del nazismo. También entonces los hubo que mostraron su disconformidad con tal valentía que les costó la vida. Se podría pensar que no era su problema, como tampoco lo era de la hija de Faraón. Y, sin embargo, apostaron por la vida, y en el caso de los que objetaron contra las leyes nazis lo hicieron con la entrega de sus vidas.

Pues bien, después de que providencialmente la hermana del niño pudiese recomendar a la madre como nodriza, llega otro momento de enorme relevancia. Porque una cosa es no matarle y otra bien diferente es tomarlo como hijo.

La hija de Faraón adoptó al niño y “lo tuvo como propio” (2, 10) dándole su maternidad, su casa y el nombre de Moisés.

Tanto la adopción como la acogida de menores es una hermosa obra de amor de las

familias e, incluso, de misericordia, cuando hablamos de niños refugiados, huidos del

hambre, de la guerra, de la violencia doméstica.

Una egipcia nos ayuda en este capítulo a atisbar desde el Antiguo Testamento las

palabras de Jesús: “He venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”.

 

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Quisiera empezar con una reflexión personal.

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Hace unos años oí hablar del Sindrome de Stendhal, considerada  un trastorno psicosomático que alteraba de manera real la salud y la percepción de la realidad, y que podiá producirse por la contemplación de la belleza en determinadas obras de arte.

 

Personalmente siempre lo consideré poco menos que una tontería o una rareza.

 

Hasta que en el mismo año tuve el privilegio de acudir a dos lugares: La Orangerie, la Sala de Conciertos del Palacio Imperial de Viena, para escuchar un concierto de valses, y en segundo lugar en el Vaticano. Ambos lugares me causaron una profunda emoción, casi hasta las lágrimas, lo reconozco

 

Y ahí, ante la belleza hipnótica y a la vez indescriptible de una de las primeras obras que pueden contemplarse en él, la extraordinaria Pietà de Miguel Angel acabé creyendo sino en el Síndrome de Stendhal si que la belleza puede conmover y maravillar profundamente

 

La Pietà, la Piedad, de Miguel Angel Buonarotti es un grupo escultórico encargado en 1498, al entonces completamente desconocido y jovencísimo artista florentino de sólo 23 años. Fue contratada por el cardenal Saint Denis, embajador francés ante la Santa Sede, que no pudo verla en vida ya que falleció pocos días antes del plazo estipulado para su entrega,

 

La extraordinaria belleza de este grupo escultórico nos muestra en primer lugar una verdadera

cumbre artística del arte del Renacimiento. Si doscientos años atrás Giotto perseguía

incansable lograr la tridimensionalidad del arte, aquí Miguel Angel lo consigue de una manera

completamente sublime, teniendo además el mérito extraordinario que este tema iconográfico,

Jesús muerto en brazos de la Virgen nunca se había planteado.

 

Vasari, aún en vida de Miguel Angel dijo de ella

 

«Es una obra a la que ningún artífice excelente podrá añadir nada en dibujo, ni en gracia, ni, por mucho que se fatiguen, en fortaleza, en poder de finura, tersura y cincelado del mármol»

 

Cuando fue mostrada por vez primera en público causó una profunda impresión en todos los que la contemplaban. Se cuenta que Miguel Angel, deseoso de comprobar el impacto de la misma en el público, se mezclaba con los visitantes de la capilla de Santa Petronila, su primer emplazamiento. En una ocasión escuchó furioso como varios de ellos cuchicheaban entre sí, que era completamente imposible que algo tan hermoso hubiese podido ser concebido y realizado por un escultor de sólo 23 años. Indignado y desencajado por la cólera apartó a todos los visitantes, sacó su martillo y cincel y grabó sobre el pecho de la Virgen:

 

Michael A[n]gelus Bonarotus Florent[inus] Facieba[t]  

Miguel Angel Buonarotti, florentino, lo hizo 

Vasari dijo de esta obra y de Miguel Angel que podría entenderse sino como  sutilísima apariencia de crítica, si de una  evidente admiración,  que éste se había limitado a coger un trozo de mármol y a quitarle los pedazos sobrantes de las figuras que quería mostrar... Lo cierto es que Vasari reconoció que Miguel Angel había sido la culminación de un camino iniciado siglos atrás por Giotto y sus contemporáneos y que aquí llegaba a su mayor expresión que convertía a Miguel Angel en un gigante de su tiempo

De hecho como escultor las "Pietà" son un testimonio de la evolución de la fe de su autor.

En ella muestra de hecho un tema principal que va más allá incluso del aspecto religioso, como es el mostrar el  mayor drama que una madre puede tener en vida y es recoger en su pecho el cadáver de su hijo. 

Pero además muestra el ideal de belleza renacentista, al mostrar el rostro de la Virgen perpetuamente joven y hermosa, pero que  además  con toda su sensibilidad, nos ofrece la imagen de su tristeza absoluta y total desconsuelo en su mirada perdida por el momento de extremo dolor que está viviendo

Las formas de la Virgen son cuidadosamente anguladas, destacando todos los pliegues de su vestido y con su brazo izquierdo sosteniendo lleno de vida y  firmemente el cuerpo de Jesús, cujuyo brazo derecho cae inerte sin vida. Aquí la tridimensionalidad que tanto buscó Giotto alcanza toda su expresión

En futuros trabajos sobre el mismo tema Miguel Angel quiso encontrar todos los matices posibles de él. Hasta que llegó en 1564 a esculpir parte de la que se conoció como la Piedad Rondanini, cuyas características contrastaban con la Pietà original en el hecho de que aquí Jesús  es entregado a la Virgen estando el cuerpo casi en pie, como si mostrase el momento inmediatamente previo a la Pietà Original

En 1972 para horror del mundo, un demente australiano  atacó este monumento a martillazos, causándole importantes daños que tuvieron que ser reparados meticulosamente entre otras gracias a la existencia de una réplica exacta del original  en el cementerio de Medellín, Colombia. Desde entonces está protegida por un cristal antibalas y vigilada

 

En 1536 un Miguel Angel en la cima de su éxito y reconocimiento como artista multidisciplinar recibe el que quizá será el encargo más importante de su vida:  Decorar los frescos de la Capilla Sixtina en el Vaticano primero por Clemente VII y después por Julio II. Las dimensiones del espacio eran tan impresionantes que Miguel Angel se sintió tentado en rechazarlo, 

Tras multitud de pruebas, de ensayos y de rectificaciones, que lograron desesperar al Papa Julio II por la aparente imposibilidad del artista de ceñirse a unos plazos razonables y por tanto a un coste sensato, en 1541 quedó la obra finalmente acabada

Hoy es posible visitarla, pero desde los Museos Vaticanos y tras realizar visita una maratoniana y agotadora visita de diversas salas previas . El espacio de la Capilla Sixtina, donde se reunen en cónclave los cardenales para escoger al sucesor de San Pedro es enorme, sin duda mayor de lo que el visitante se imagina,  lo que nos permite intuir la enormidad del trabajo que tuvieron los artistas que lo decoraron, especialmente el  realizado por Miguel Angel que logró consumirle la salud tras años de batallar incansablemente con su perfeccionismo para lograr la mayor belleza posible

En 1965 una extraordinaria película, "El tormento y el extásis" muestra la envergadura de esas dificultades que supuso este encargo.

"Ni airado ni vengativo. Pero fuerte, bondadoso y lleno de amor" así dice el personaje encarnado por Charlton Heston cuando el Papa, magistral Rex Harrison le pregunta como ve a Dios.

 

 

La visita a la Capilla Sixtina y la impresionante cantidad de obras que se contemplan en ella merecen sin duda una revisión previa de la visita virtual que puede hacerse a través de a web del vaticano, par así poder obtener una perspectiva más apropiada de toda esta belleza, probablemente una de las obras cumbres del arte de todos los tiempos

Visita Virtual Capilla Sixtina 

Sin duda, el lugar en el que casi se siente el latido del corazón de la cristiandad, el lugar en el que los cardenales obtienen la inspiración del Espíritu para determinar el cargo de sucesor de San Pedro no podría tener un escenario mejor como es esta Capilla Sixtina, uno de esos lugares que realmente merecen la pena visitar en esta vida.

En ella casi podemos percibir no sólo la belleza de la Creación, sino que casi   podemos  sentir al Papa Julio refunfuñando bajo los andamios de la Capilla y gritándole al maestro;  

"-Cuando lo acabarás Miguel Angel?"

 y a éste respondiendo lacónico

  -"Cuando lo acabe!"

Gracias a su paciencia con el artista hoy tenemos una de las obras cumbres de la belleza humana.

 

 

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Imposible no recomendar una exposición que tendrá lugar en Madrid este mes de febrero y en la que se podrá hacer justamente aquello que no es posible hacer en su escenario habitual, la Capilla Sixtina, que es tener las pinturas mucho  más próximas para poder admirarlas con mayor detenmiento, en una experiencia única e inmersiva que posiblemente antes del verano se verá en Barcelona

 

En Madrid la exposición será en febrero 

y en Barcelona aún no tiene fecha confirmada

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CONSULTORIO BÍBLICO

¿QUÉ HAY DETRÁS DEL SIGNO DE CONVERTIR EL AGUA EN VINO EN LAS BODAS DE CANÁ?

Quique Fernández

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En el Evangelio de Juan los milagros son llamados signos. Es un término de mayor alcance porque con ello se quiere significar que no solo ocurre un hecho puntual, momentáneo, con día y hora, sino que ese signo pretende exponer un contenido con vocación de arraigar en los seguidores de Jesús.

Es, por tanto, el primer signo. Y este Evangelio lo coloca de inicio. Recordemos que el Prólogo de este Evangelio es un añadido posterior y que no se nos narran relatos de la infancia. Así pues, se introducen en unos versículos del capítulo 1 dos previas necesarias como son el Bautismo de Jesús y la llamada de los primeros discípulos, y de ahí ya pasamos a ese primer signo.

Es un primer signo enormemente relevante porque viene a decir, ya desde el inicio, que Jesús nos ofrece una novedad importante, tanto que es "rompedora" con el ritualismo judío. Por tanto, la intención es dejar claro desde el primer momento un cambio de paradigma.

¿Y cuál es ese cambio de paradigma? Fijémonos en que Jesús va a utilizar para su signo las tinajas que iban a servir para el agua de las purificaciones, un claro exponente del ritualismo judío. Y en lugar de esa agua las tinajas nos van a ofrecer vino, fiesta, gozo. Toda una declaración de intenciones de por dónde debe ir la celebración de la fe cristiana.

El gozo debe destacar por encima del rito porque el rito debe estar al servicio del gozo.

Y tanto es el gozo que quiere Jesús para nosotros, que va a convertir nada

menos que seis tinajas de cien litros cada una. ¡Seiscientos litros! ¡Qué

barbaridad! Es que Jesús quiere que nuestra fiesta dure eternamente.

Todo este pasaje nos debe hacer pensar si nuestras celebraciones de la fe

son realmente gozosas. Si nos dejamos transformar de agua ritual a vino de

fiesta.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana núm. 2216 de

fecha 13 de marzo de 2022)

 

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IGLESIA EN SALIDA - Febrero 2022

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“En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn 12,1-3). Moisés escuchó el llamado de Dios: «Ve, yo te envío» (Ex 3,10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex 3,17). A Jeremías le dijo: «Adondequiera que yo te envíe irás» (Jr 1,7). Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse...” (Evangelii Gaudium 20)

La fe es mucho más que un conjunto de creencias. Es el don que Dios infunde en los corazones a través de su Palabra, no solo para traernos ideas y buenos deseos, sino para llevar a

término Sus planes. Creer en Dios puede resultar fácil, racional,

rentable, cómodo, …; creer a Dios es algo distinto, es liberarse

de uno mismo para alcanzar Su objetivo.

Lo poco de Dios es infinitamente más que el todo de los hombres

. Por la fe de un hombre, Abraham, son bendecidas todas las

naciones. Por la de Moisés fue liberado todo un pueblo. La fe

que la Palabra produjo en Jeremías se convirtió para él en una

misión, dura e incomprendida, pero llena de la única esperanza.

Hoy Jesús, por encima de credos sigue contando con la fe, que,

aunque pequeña como un grano de mostaza, es mucho más efectiva que todos los esfuerzos humanos.

(publicado previamente en el semanario Catalunya Cristiana núm. 2214 de fecha 27 de febrero de 2022)

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LA ORACIÓN EN EL NUEVO TESTAMENTO (CAP. 17)

Óscar Rodríguez

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4. La oración de Jesús en la Última Cena

4.2 La oración sacerdotal

4.2.3 Jesús ora por todos los creyentes (vv. 20-23)

En la tercera parte de la oración sacerdotal se amplía el horizonte. Ahora Jesús mira al futuro. No ora sólo por los apóstoles, sino también por los que un día, por medio de la palabra de los apóstoles, creerán en él u entrarán en el verdadero redil. Por eso se puede hablar aquí de “oración de Jesús por la iglesia”. Como por los apóstoles, Jesús ora por los futuros creyentes para que sean entre ellos una sola cosa, participando en la comunión de vida que existe entre el Padre y el Hijo. Como el Padre y el Hijo están unidos en un mismo conocimiento y en un mismo amor, así también los que crean en Cristo deben ser una sola cosa. La unidad de los cristianos debe ser para el mundo el gran signo que atestigua la verdad del mensaje de Jesús y la autenticidad de su misión mesiánica:

Pero no te ruego solamente por ellos, sino también por todos los que creerán en mí por medio de tu palabra. Te pido que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros y el mundo crea que me has enviado (vv. 20-21).

Para la mentalidad moderna, esta oración de Jesús por la Iglesia presenta una gran paradoja. Jesús quiere que el reino de Dios se instaure en el mundo y, sin embargo, no ruega directamente por su difusión por medio del apostolado y la actividad misionera. Ora, ante todo, por la santificación de los suyos, más que por su actividad apostólica. Según esta oración, la conversión del mundo no se realizará tanto por la predicación del Evangelio como por el testimonio del amor mutuo y la unidad entre los cristianos. Sin la santificación del apóstol no se puede hablar de misión apostólica, sino, a lo sumo, de propaganda. El que todos sean uno es para que el mundo crea.

4.2.4. Oración final (vv. 24-26)

Después de haber echado una mirada a su misión mesiánica, cumplida en la tierra para gloria del Padre, a la elección de los apóstoles y a su mandato de predicación en el mundo, Jesús pone ahora la atención en la fase conclusiva del largo camino: la gloria en la casa del Padre. He llegado el momento de volver al Padre, y desea que también todos sus discípulos están donde el Padre, junto con Él.

Padre, yo deseo que todos estos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque tú me amaste antes de la creación del mundo (v. 24).

Llama la atención el cambio de verbo. Hasta ahora, Cristo viene diciendo: ruego, pido. Aquí, en cambio, dice: yo deseo. Expresa que está pidiendo lo más importante, que coincide con la voluntad del Padre, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cfr. 1 Tim 2,4). Pide que la unión de los discípulos, iniciada aquí en la tierra por medio de la fe se pueda completar en el cielo con la visión beatífica.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo, en cambio, te conozco y todos estos han llegado a reconocer que tú me has enviado. Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándote a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos, y yo mismo esté en ellos (vv. 25-26)

En estos dos versículos se encuentra la esencia de la revelación. La revelación es una noción básica para nosotros, porque el cristianismo es el resultado no del esfuerzo de la criatura humana para conocer a su creador, sino el fruto de una búsqueda y desvelamiento por parte de Dios a las que Él mismo creó capaces de conocerle. La revelación que Dios ha hecho de Sí mismo por Jesucristo nos introduce en la participación de la vida divina que culminará en el cielo:

Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de Sí mismo, revelándose a Sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados a participar por la gracia, aquí en la tierra, en la oscuridad de la fe, y, después de la muerte, en la luz sempiterna (PABLO VI, Credo del Pueblo de Dios, n. 9)

Esta revelación es un abajamiento de Dios a categorías asequibles por nosotros. Lo veremos más adelante cuando estudiemos el himno de San Pablo en la carta a los Filipenses. Según la tesis de un teólogo, la búsqueda del hombre por parte de Dios se produce en lo que podríamos llamar los “cuatro movimientos de Jesús en el misterio de la Salvación”: Jesús viene del Padre (descenso); está con sus discípulos, vuelve al Padre; viene de nuevo a la Iglesia después de la Pascua y al final de los tiempos. No vuelve sólo en el momento de la Parusía. De hecho, ha prometido en la Última Cena: Yo me voy, pero volveré a vosotros. Es la misteriosa presencia de Cristo en la Iglesia y en todos los creyentes (Cf. V. PASQUETTO, Encarnación y comunión con Dios).

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CLAVES DE LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS

Javier Velasco-Arias

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BENDICIÓN PARA TODOS LOS PUEBLOS

Los 11 primeros capítulos del libro del Génesis son conocidos como «protohistoria» e incluso «prehistoria», narrados en un lenguaje pedagógico y parenético.

Es a partir del capítulo 12 donde comienzan las historias patriarcales que, aunque no podemos hablar tampoco de «historia» en el sentido moderno, nos trasladan a unos escenarios de los que poseemos más información: narraciones de clanes familiares, tradiciones ancestrales que buscan fijar el origen de lo que siglos más tarde será el pueblo de Israel.

A partir de Gn 11,27 el autor bíblico nos introduce en la genealogía e historia de Abrán y Sarai, su esposa, que después el Señor les cambiará el nombre por Abrahán y Sara (cf. Gn 17,5.15), como signo de la misión que les encomienda.

Capítulo 12 del Génesis: relato de una vocación

Los primeros versículos de Génesis 12 son de una gran belleza narrativa y teológica. Abrahán es elegido por Dios, es enviado… Su respuesta es de obediencia a la voluntad de Dios. Es un relato de vocación, en el que queda implicada toda la existencia del personaje.

Llamada de Dios

El Señor le pide que cambie sus planes, que deje su tierra, que abandone su horizonte material, que renuncie a su vida anterior para «embarcarse» en una aventura imprevisible. Ahora toca ponerse al servicio de los planes de Dios, que no necesariamente se identifican con los propios: «El Señor dijo a Abrán: Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te indicaré» (Gn 12,1).

Respuesta confiada de Abrahán

La decisión no es fácil. Pero el patriarca no pone pegas, no tiene dudas, sabe de quien se ha fiado, como afirmará, en otras circunstancias difíciles el gran apóstol Pablo: «no me siento fracasado, pues sé de quién me he fiado» (2Tim 1,12). Abrahán, de igual manera, se fía de Dios: «Abrán marchó, como le había dicho el Señor» (Gn 12,4).

Su gran fe, su fidelidad a la palabra de Dios, harán de él referente de las tres grandes religiones monoteístas, cuyos seguidores nos sentimos y somos «hijos de Abrahán»: Judaísmo, Cristianismo e Islam.

Es plausible que Jesús se refiere a esta realidad, releyendo el relato de Gn 12: «no os imaginéis que os basta decir: “nuestro padre es Abrahán”; pues yo os digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos de Abrahán» (Mt 3,9). La respuesta de fe, más que el linaje, es la que nos hace hijos de Abrahán.

Una promesa de Dios

Se cumple la promesa divina al patriarca: «Yo haré de ti una nación grande; te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y tú mismo serás bendición.

[…] En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra» (Gen 12,2.3b).

La promesa es inmensa, inconmensurable. Pero, al mismo tiempo, no constatable, no verificable, al menos de forma inmediata y concreta. Se ha de fiar de Dios. Ha de creer que Dios nunca falla. Confiar en un futuro que su respuesta de fe iniciará pero que él no verá consumado.

Una esperanza sin límites

Abrahán no sólo recibe la bendición de Dios, sino que se convierte en motivo de bendición. En su nombre serán bendecidos, benditos todos los pueblos de la tierra. Su fe, su fidelidad, su entrega sin condiciones lo convierten en sujeto de bendición. Como afirma Mns. Ravasi; «En este caso, Abraham queda “constituido” en signo eficaz de la salvación ofrecida por Dios.»

El viaje que nos describe el narrador bíblico en los siguientes versículos no tiene nada de bucólico ni de «camino de rosas»: está plagado de dificultades. Pero la fe de Abrahán, su fidelidad, su fiarse plenamente del Dios de la Biblia… le darán las fuerzas suficientes para continuar en el camino al que ha sido llamado.

Para la oración

- La narración de la historia de Abrahán nos sugiere unas actitudes esenciales en las personas religiosas. Y, lógicamente, de una forma especial nos interpela a los cristianos.

- ¿Soy consciente de las consecuencias de mi vocación personal y comunitaria? Dios te ha elegido, me ha elegido, para una tarea concreta en este mundo, en la sociedad, en la comunidad cristiana… Y la labor que yo tengo encomendada es insustituible. Es la que me toca a mí. Ningún otro puede hacerla. Lo importante no es que sea pequeña o grande, porque la medida de Dios no tiene nada que ver con la mezquindad de la nuestra. Lo importante es que es la mía.

- ¿Mi fe se identifica con creer en una lista de cosas o con la adhesión a la persona y a la Buena noticia de Jesús? La fe implica, cómo no, creer. Pero es mucho más fidelidad, fiarse de Alguien con mayúscula, comprometer la existencia, que admitir unas verdades de fe. Aunque, lógicamente, el fiarse de Dios, el seguir a Jesús también implica suscribir lo que Él enseñó, reconocer el depósito de la fe que custodia la Iglesia. Pero, ¿mi fe me compromete? Si

no, es una quimera.

- ¿Mi vida irradia bendición para los que me rodean? ¿Soy una persona

amable? Es decir, alguien que se hace querer porque su existencia irradia

amor, comprensión… Claro está, también implicará incomprensiones. Pero

que nunca sea yo el motivo de discordias, enemistades y, mucho menos,

odios o rencillas. Hemos de huir, como de la peste, de aquellas actitudes

que dificultan o matan la convivencia: «enemistades, reyertas, envidia,

cólera, ambición, discordias, sectarismos…» (Gal 5,20)

La fe del patriarca Abrahán vivida hasta las últimas consecuencias nos interpela.

Javier Velasco-Arias

(publicado previamente en el blog "Biblia y Pastoral" el día 7 de diciembre de 2017)

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LO SOCIAL DESDE LA BIBLIA

Mn Pere Pardo, DP

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NOÉ, ABRAHAM Y MOISÉS:

NEGOCIANTES DE LA SALVACIÓN

A veces escuchar los signos del tiempo es una cuestión de tener los ojos muy abiertos y dejar que las cosas de nuestro entorno nos impresionen como lo hace la luz en una cámara fotográfica encima de la película (me doy cuenta de que mis estudios de fotografía ahora quedan relegados a una minoría… Tengo bastantes lunas…).

Quería hablar en concreto de Moisés y su capacidad de “negociar” con el Faraón, pero al meditar sobre ello, me he dado cuenta que toda la historia de la salvación es como una negociación en donde el hombre siempre quiere ablandar el corazón de Dios y rebajar al máximo las exigencias para poderse salvar. Y hay que decir que a final lo consigue… Dios manda a su propio hijo para que “negocie” contra Él y así darnos una filiación divina para toda la humanidad.

Para mi, y a medida que me convierto en un aprendiz de la Sagrada Escritura, me enamoro más de estos tres patriarcas. Es curioso porqué también son los más lejanos en el tiempo pero se convierten en los más cercanos…

Mirad, Noé: cuando la Arca queda encallada en el fin del diluvio, Noé construyó un altar y ofreció un holocausto al Señor y dice: “Cuando al Señor le llegó aquel olor tan agradable, dijo: “Nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa del hombre, porque el hombre, desde joven, solo piensa en hacer lo malo. Tampoco volveré a destruir a todos los animales, como hice esta vez.” (Gn 8, 21). Noé sabe muy bien lo que tiene que hacer para que nunca más los hombres y mujeres sufran un diluvio. Nadie se lo pide, no hay ninguna norma escrita pero sabe que tiene que ablandar el corazón de Dios porque la humanidad volverá a pecar aunque sus intenciones no sean estas.

Más adelante nos encontramos con Abraham. ¡Que bonito es el fragmento de Génesis 18, 16-33! Dios va a destruir Sodoma y Gomorra. Ya no puede enviar un diluvio. Hizo una alianza con Noé y con toda la humanidad, pero si que puede destruir a una ciudad o territorio, pero entonces Abraham empieza a negociar con Dios… Si hay 50 inocentes, ¿Vas a destruir las ciudades? Y así sucesivamente hasta llegar a 10 inocentes con palabras tan dulces como: “–Por favor, mi Señor, no te enojes conmigo: hablaré tan sólo esta vez y no volveré a molestarte: ¿qué harás, en caso de encontrar únicamente diez? (Gn 18, 32) El problema es que al final Dios no encuentra ni a diez inocentes.

Al final, nos queda Moisés. Cuando pienso en él no puedo dejar de pensar en el film "Los Diez mandamientos" con Charlton Heston y Yul Brinner. Pero creo que el Moisés real no era como el de Charlton Heston, debía estar lleno de miedo, inseguro, dando instrucciones a Aaron para que hablase y sobre todo pensando lo bien que vivía con su mujer en las montañas. Pero él, junto a su hermano, iba a ver el Faraón a pedirle que dejara marchar al pueblo judío. A cada “No” del Faraón, una plaga y la tensión no dejaba de subir y subir. Moisés insiste al corazón del Faraón pero este no escucha y tiene un corazón de piedra. Al final con el último "No", con la Pascua, mueren todos los primogénitos de Egipto (Ex 12, 29-36) y el Faraón derrotado, deja marchar al pueblo judío. Es bonito si lo leemos en clave del Nuevo Testamento, pero sino, nos podemos sentir llenos de miedo delante de un Dios que no tiene misericordia de los inocentes de Egipto.

Mirad, en la Doctrina Social de la Iglesia encontramos espacios donde se habla de la enorme responsabilidad de los que tienen responsabilidades sobre las armas (Gaudium et Spes 80; CIC 2314) pero constantemente nos pide que seamos capaces de llegar a acuerdos, de negociar delante una situación bélicas, delante de conflictos, de desacuerdos… El Papa Pio XII en su mensaje radiofónico del 24 de diciembre de 1945 dijo “Para consolidar la primicia del derecho, prevalece el principio de confianza reciproca. Desde esta perspectiva, los instrumentos normativos para la resolución pacifica de las controversias se tiene que repensar para así reforzar la obligatoriedad y el ámbito”

En la doctrina social de la Iglesia se llama constantemente al acuerdo, negociación, pacto, etc… para encontrar acuerdos que consigan una paz. No una paz sin conflictos. Una paz con amor. Una paz en donde el perdón y el acuerdo lleguen al corazón y no un equilibrio encima de un cuchillo afilado.

Hoy lo necesitamos más que nunca.

 

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SAN PABLO NOS MUESTRA SUS CARTAS

Pedro Fernández

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PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS

(1a parte)

El bueno de Saulo, aquí ya marca perfectamente los tiempos de lo que debe ser el seguimiento al Crucificado, al Resucitado.

¿A quién seguís? ¿A mí acaso? ¿A éste? ¿A aquél?

Que equivocados estáis hermanos. Ellos y nosotros. Porque más allá de pertenecer a un movimiento religioso, a una orden religiosa, a… Más allá está la verdad. Y la única verdad es, para un cristiano , seguir a Jesús. Seguir el Evangelio.

Porque el Evangelio vivo es Jesús. Sabemos que la comunidad de Corinto, no conocía los “Evangelios” ni a los autores que hoy en día conocemos bien, o al menos deberíamos conocer. No aquella comunidad conocía relatos de personas que seguían a Jesús, y Pablo fue el gran inspirador del seguimiento y el primer “evangelizador”.

Pablo durante toda la primera carta a los Corintios, va dejando claro que solamente hay un camino a seguir. Solo el verdadero Camino, Verdad y Vida. Los demás solo son instrumentos, por extensión todos somos, del mensaje liberador de Cristo.

Pablo, y en eso es muy reiterativo, nos da las pautas de un verdadero seguimiento. Sin dispersiones.

Nos podemos, y debemos, aplicar este mensaje a nosotros, en nuestra época. Estamos demasiado dispersos, e incluso a veces parece que queremos enmendar la plana al mismísimo Jesús. Desde luego el atrevimiento no tiene límites.

Debemos ser “parábolas del Reino”. En el versículo 4, 20 nuestro querido Saulo lo deja claro: “Porque el reino de Dios no es cuestión de palabras, sino de eficacia”

 

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